La cinta del
kurdo-iraní Bahman Ghobadi está prohibida en Irán, donde el director envió en su momento (2009) una copia de forma clandestina a España, para que la viesen.El director, tomando la vida de los músicos Negar y Ashkan, quienes se tienen que esconder en sus casas para poder tocar la música que desean con otros chicos, es una clara propuesta sobre un cierto cine y música que van contra la Ley islámica y es censurada. Pero esto no ha sido óbice para rodar en Irán “Nadie sabe nada de gatos persas” con un pequeño equipo, sin repetir localizaciones, escondiéndose, corriendo y con el miedo a que de pronto hubieran sido descubiertos por las autoridades pertinentes.
De todas formas este
relato entre el formato de videoclip, cámara escondida y un olor a denuncia, la
música (principal eje conductor en la vida de los protagonistas), no suena
estridente y propone situaciones creíbles sobre la vida clandestina en Teherán
por tocar un tipo de música. Dice el protagonista en el film, que en Irán hay
2000 grupos de música pop.
De manera pues que la
cinta, resulta la ser la metáfora de unos gatos persas que aparecen y
desaparecen en media de la luz y la oscuridad, para referirse Negar y Ashkan,
junto a otros jóvenes músicos que protagonizan sus propias utopías. Y es que si
bien el hombre debe vivir de pequeñas utopías, el cineasta prefiere no
profundizar en este tipo de conflicto social y cultural. De todas formas, la
película resulta agradable al oído y a la vista.
Gonzalo Restrepo
Sánchez
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