La obcecación de Netflix con el “true crime” ha derivado
dramas mucho más escandalosos que Unabomber, como The Ed Gein Story, etc. Este
reciente filme a analizar. Esta película de aspecto fastidioso sobre Ted
Kaczynski, el terrorista más buscado en los Estados Unidos en los años 80´s y
los 90´s; crea un nuevo patrón sin mucho éxito en su narrativa cuando del
pasado y presente se trata. El actor Russell Crowe, que aparece como profesor
sádico, no resulta tanto, un factor de atracción para una película más bien
regular.
En el filme observamos los primeros años de los 60´s y
que fueron los años universitarios de Kaczynski —Jacob Tremblay, exacerbado y con
poco fuelle, le interpreta como un insociable inconsecuente que se ve apurado mediante
un programa de ensayos de estrés experimentales—. Por otro lado, Crowe,
asomándose por encima de las gafas de medialuna, es el erudito de Harvard
Henry Murray, que se enganchó a Kaczynski como un subyugado y maleable
personaje, sin ser consecuente del daño inalterable que estaba originando a la
psique del joven de 17 años.
Hablando de Kaczynski, su captura fue una de las más
caras de la historia del FBI, pues se extendió durante 17 años y tuvo en jaque
a las fuerzas del orden, hasta que el propio sujeto realizó un error y remitió
un manifiesto al “New York Times” y al “Washington Post”. Dicho mensaje fue
clave en su detención.
Janus Metz Pedersen sin ser es uno de esos cineastas que no deslumbra a la escena o
procura asemejarse a otros creadores vecinos temáticamente, creería que aún
tiene mucho trecho que recorrer y muy lejano en cuanto a inventiva. Y es que el
moviegoer, pero sobre todo el cineasta americano es capaz de reinventar el
imaginario visual preconcebido, con diferenciaciones leves.






















