Un
drama enérgico sobre la Segunda Guerra Mundial y un meteorólogo que podría pensarse
ganó la guerra. El “meteorólogo”, el capitán James Stagg, fue el notable
meteorólogo escocés nombrado Jefe de Meteorología de la Operación Overlord,
para reportar al general Dwight D. Eisenhower el día exacto del Día D. Si esto
suena a un drama patético, entonces estamos frente al formidable Andrew Scott
como Stagg, discutiendo con Eisenhower (interpretado por Brendan Fraser), sobre
la lluvia y el mal tiempo para cual no debería ser el día D.
La
película de Anthony Maras es, entonces, principalmente un trabajo de cámara,
ambientado preferentemente en el cuartel general militar aliado donde se concibió
la operación hasta el último minuto, y cuyo drama se desenvuelve en gran medida
en tirantes problemas verbales sobre mesas, atlas y tablones de anuncios y aquí
está la clave de la resolución del conflicto, por llamarlo de algún modo, pues
a la larga no hay antihéroes ni tragedias, ni circunstancias realmente
dramáticas. Cada escena se plantea desde necesidades básicas.
Cuando
Maras pretende extender su perspectiva con la dramatización de la irrupción
real, se evidencia el ensayo de la película de crear una ambiente de tensión.
Sería
válido, entonces, poder decir que esta unión entre ciencia e historia militar nos
da una película con la excusa narrativa para inducir el desarrollo de algunos
personajes. Nadie quiere errar, muchos egos entran en juego y el
destino del mundo libre pende de un hilo.
Al
final nada de comparar el filme con “Rescatar al soldado Ryan”. Y sobre todo me
refiero al recrear brillantemente el asalto en la playa de Normandía con gran
efectividad.






