Durante los seis días de la edición
65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci 65), la
cinematografía y la industria audiovisual en general de Brasil, además de su
música y gastronomía, serán protagonistas al ser el País Invitado de Honor de
este año.
Del 14 al 19 de abril, Brasil tendrá
una participación que se proyecta como una de las más amplias y representativas
de los últimos años. Su presencia no solo destaca por la calidad de su
cinematografía, sino por una propuesta integral que articula cultura, economía
creativa y experiencias para el público en distintos escenarios del festival.
La película cuenta el episodio de un actor estadounidense
en Japón. Nuestro héroe (Brendan Fraser) malviviendo entre anuncios, pruebas de
casting fallidas y mucha utopía. Y así hasta un día da con una agencia dedicada
a “simular la misma vida”. La empresa repleta de esos fatuos momentos (o los de
verdad, vaya usted a saber) por aquello de los aspectos sociales. Todo se trata
pues de transferir el límite de la máscara y reconciliar en simulación real lo
que muchas veces no es más que un contexto ilusorio. La tonalidad da la clave
al filme y, de paso, el brillo del planteamiento.
De
todas formas, al salir de la sala de cine de cine, la pregunta por el sentido
de la vida, es la clave. Dicha pregunta suele ser preciada como la más profunda
de la filosofía, frívola o académica. Inclusive llegamos a definir al hombre
como «el ser capaz de interrogar por el sentido del ser», de su existencia, de
su vida. Entonces, «¿cuál es el sentido de la vida?» No faltan objeciones:
religiosas, decentes, políticas: «la vida es la ejecución de una comedia, o de
una tragedia, escrita por un idiota». Pero nunca faltan quienes no hallan agradables
tales objeciones y llegan a titubear de la firmeza de las preguntas: «¿quizá
tiene la vida sentido?» «¿no es la vida un sin sentido, incluso una equivocación,
puesto que finaliza ineludiblemente con la muerte?»
Existiríamos
ante una estructura dialéctica, ya que partiendo de un nivel fenomenológico, todo
podría debatirse y hasta solucionarse. Entonces a través de dos estratos (ser
lo que no somos o viceversa) que se nos revelan en un vínculo sui generis, nos
conduce a un tipo de unidad esencial que compromete la separación fenoménica,
que, sin embargo, sigue siendo ineludible para que se mantenga esa «conexión de
sentido».
De
este modo, puede decirse que la idea de sentido, sin embargo, ha de terminar
siendo rectificada en el plano esencial, pero de tal suerte que la enmienda, en
la que predomina la idea, nos remita de nuevo a la distinción fenomenológica:
no vale a la larga que llevemos rostros icásticas por la vida.
Una de las razones por las que analizo este filme producido en el
2024, es porque su director es Ron Howard, siempre se debe ver primero a los
autores del filme para decidí que observar o no que no observar, una vez
superado este ítem. Además Howard no es un recién aparecido en la industria del
cine.
“Edén” (excelente título a inicios y desenlaces del filme), está basada
en sucesos ocurridos hace 100 años en una de las Islas Galápagos, no es una
película difícil de clasificar y plantearía de entrada un thriller psicológico.
De todas formas, los puntos de partida son Jude Law (“The Order”), en una
histrionismo teutónico como Friedrich Ritter, un médico alemán que dejando
atrás la sociedad en la que vivía, decide ir a la aislada isla verde de
Floreana, en el sur del archipiélago de Galápagos, en Ecuador. Es 1929, alejándose
de la Primera Guerra Mundial. El médico cree que podrá llevar a cabo su nueva utopía.
Pero a mi juicio, todo se contrapone, cuando aparece Ana de Armas (“Puñales
por la espalda”) e interpreta a Eloise Bosquet de Wagner Wehrhorn, alias la
baronesa, una dama fatal fiestera que arriba con una comitiva de hombres y con
la intención notoria de construir un hotel de lujo en la isla.
De todas formas el mensaje está claro cuando de convivencia humana
se trata (“nada de lo humano me es ajeno”). Somo los humanos quienes decidimos
todo lo que nos ocurre a lo largo de nuestras vidas. Y parafraseando el título
de un filme, “Antes de que anochezca”, todo se tornaen una encrucijada de ser bárbaramente injustos, dando como
resultado una película oscura e inquieta. Observar la película es entender un poco
lo que ha sido la humanidad en todos los siglos después de la era de Cristo,
somo lo mismo del el primer sigloel hasta el
actual.La que retrata la perversidad inseparable a los humanos, aunque
por supuesto, otra parte de la historia muestra el lado muchísimo menos malévolo.
Una última reflexión al margen de “Edén”; no es excepcional, comprendidos
otros títulos cinematográficos que se utilice la ficción para recrear aquellas realidades
que no nacen ante la cámara, que en ocasiones son visibles, y que en otras no
tanto. Todos los personajes que aparecen en una película no solo son reales sino
que su vida en la hábitat es despótica, pero la película de Howard está ahí
para estos posibles debates.
Esta
es una de esas películas de las cuales uno no sabe por dónde empezar, pero
intentando ordenas las ideas, señalar que “One Battle After Another”, escrita,
dirigida y co-iluminada por Paul Thomas Anderson (“El hilo invisible”), está
basada en la novela de Thomas Pynchon, quien y según expertos en el autor, es
un escritor inadaptable e inadaptado que pareciese solo le interesa
cinematográficamente hablando a Paul Thomas Anderson.
Con
una estructura narrativa excelente, este director puntualiza su particular
visión de la historia de los Estados Unidos en una épica aventura en un país en
beligerancia consigo mismo (los grupos terroristas de extrema izquierda y las
sociedades secretas fascistas), y que el cineasta con maestría a través del
montaje paralelo y las acciones sincrónicas queda la correlación afectiva entre
un padre y una hija como una viable cronotopía de reconciliación (no cometeré
spoiler alguno), arropada por una música (al mejor estilo de Satie)
Si
el primer tramo del filme es una clara manifestación de lo eficaz que resulta
ese tipo de planificación de la trama a la hora de forjar una cierta emoción de
estatus en los diferentes espacios (los inmigrantes latinos). En los dos
restantes tramos, y con referencias cinéfilas (“La batalla de Argel”), y en un
metraje del final como al mismo western; permitirá con el tiempo convertir este
filme de Paul Thomas Anderson en un clásico. Y todo esto quizá, entre otras
cosas, a unos actores de altísimo nivel: El "sensei" de Benicio del
Toro, el "deseo" de Chase Infinity o la "perfidia" de
Teyana Taylor, el Bob Ferguson de Leonardo Di Caprio y ni hablar del personaje
de Sean Penn que “la sacó del estadio” y creería que un “Oscar” asegurado.
Dos
cosas para terminar, si bien podría sacar un libro de esta cinta. Primero ese
“realismo mágico” que refleja el fascismo norteamericano. Y segundo, algo de
mixtura de drama social-thriller-comedia negra. Lo que el cineasta ofrece es la
perspectiva de un desclasado: el latino sometido a órdenes inexpresables en el
campo de batalla, y un país que tampoco lo reconocerá como uno más y lo
confinará a espacios marginales, a la delincuencia y a la corrupción.
Después de ver la película me gustaría aclarar
en primera instancia dos cosas: la primera es cuando es un “remake” de un film
tan exitoso como lo fuela obra
maestra de James Whale ('La novia de Frankenstein', en 135), el asunto se
complica, aunque pienso que esta cinta no sale tan mal parada, ya que Maggie
Gyllenhaal reescribe (ella misma dirige) sin recato el clásico de cine de
terror 'camp' desde el más incondicional caos y creería consecuencia de una
decisión tanto narrativa como de estética, de insubordinación y en rebeldía a
esos parámetros tradicionales del cine.
Y segundo, ya que¡La novia! Nos relata la irrealizable historia
de amor de dos cadáveres, tiene su enganche con un relato disruptivo, ya que
Shelley (autora inicial del texto en 1818, según vemos en la pantalla) la
observamos en un plan de autorreflexión de ella y su obra de “Frankenstein”, en
el sentido que, libre de prejuicios, se formula mirar el límite de su propia
existencia sin desbocada insolencia. Y de pronto todo “vuelve a los personajes”
que ella creó en un desorden o si lo prefiere “un tour de force” (que dicen los
franceses) en ese relato henchido dethriller, pasando al drama filosófico, y de ahí, repentinamente toma la
comedia, para terminar de situarse en una especie de policíaco, y ese manejo
cronotópico me encanta. Inclusive tiene su instante de musical con una irreflexiva
puesta en escena (Franky y su novia bailan en una fiesta frente a Ronnie Reed
(Jake Gyllenhaal).Lo que sucede
fuera de la imagen no nos interesa porque el director no necesita el fuera de
campo ni con las vidas de la pareja de novios. Hasta los elementos fantásticos
o enigmáticos son adoptados como algo normal en ese espacio de mito. Y si más
allá de lo que vemos parecería no existir, entonces para nada que apuntale el
relato.
Una conclusión, aunque creo debió ser una introducción
al la crítica, es que Jessie Buckley va camino de convertirse en una estrella
rutilante. Recordemos que es la actriz, que personifica a Agnes (en “Hamnet”)
y, en este momento de observación de la cinta, es Ida, Penélope o concisamente
la novia, de Frankenstein (Christian Bale, que se come el plató).
En esta misma línea, la séptima entrega de “Scream” de Kevin
Williamson comienza muy bien y cuenta con un primer tercio del guion muy
disfrutable, con una exhibición de los horrores de la saga, que nos recuerda al
mejor espíritu de la franquicia y algunas víctimas asombrosas, sin desistir del
humor negro.
Su secuencia inaugural resplandece gracias al dúo
conformado por los nóveles actores Michelle Randolph y Jimmy Tatro, pero esto no
quiere decir nada, ya que muy pronto, todo parece cambiar.Puedes estar seguro de que Ghostface, con ese antifaz
siempre aterrador y con la fiel voz de Roger L. Jackson, se abrirá paso a heridas
contra la totalidad del elenco, cuya resistencia dependerá de las “convenios
del contrato”. Habrá sobresaltos falsos, seguidos de alarmas reales, y muchos altercados
autorreferenciales en los que los personajes interpretan sarcásticamente sobre
su situación. “Siempre es alguien que conoces”, expresa uno sobre la auténtica
identidad del homicida tras la careta.
La gran noticia sobre “Scream 7”, es el regreso de
Campbell como Sidney Prescott, a quien se hecho de menos mucho en la última
producción. No es asombroso que los guionistas Williamson y Guy Busick se afirmen
en hacernos saber que estamos en la broma cuando la valerosa periodista de
televisión de Courteney Cox , Gale Weathers, quien resultó gravemente herida en
Scream VI (pero, no obstante, sobrevivió), le dice a Sidney: "Te
extrañaron en Nueva York, no es lo mismo sin ti".
De todas formas, es una película que ni nos aleja del
tema general, ni nos pone en alerta sobre un posible octavo tramo cinematográfico.La enorme franqueza
sería más atractiva si las pláticas fueran tan frescas y entretenidas como en
las primeras entregas. Otra idea es que si las muertes quedaran representadas con
más creatividad. Pero hay una condición mecánica en los ordenamientos que hacen
que “Scream 7” parezca algo aburrida a pesar de su agudo guarismo de muertos y
su copiosa sangre. Creo que ya lo he dicho: los actores secundarios.¡Ah! Rescato la musica de Baltrami
Basada en hechos reales sobre el conflicto árabe-israelí, la
película de la tunecina Kaouther ben Hania sacudió al pasado festival de cine
de Venecia con los audios originales de las llamadas de socorro entre la
pequeña, atrapada en un carro acribillado en el norte de Gaza, y sus posibles
rescatadores. Visto sí el asunto, la película, no obstante, rodada con cámara
en mano, se desarrolla toda del lado de los voluntarios de la Media Luna Roja
Palestina, y a través de brutales elipsis.
Pero la película combina, a través de los diálogos, una
dramatización de lo sucedido en las oficinas de la Media Luna Roja Palestina
(todos desesperados hablan con la niña por teléfono —recurriendo el filme a la
“información” en los parlamentos y el melodrama en las interpretaciones—),
mientras otras series de llamadas telefónicas nos permiten entender otra serie
de asuntos de una burocracia que “paraliza” con sus requerimientos y protocolos
el que se pudiera evitar lo previsible de todos modos. Al combinar estos dos
puntos de vista como estrategias narrativas habitualmente usadas por el cine
para generar suspense, el asunto funciona.
La película, al plantear entre lo documental y la recreación
ficticia que la distancia territorial y operativa impide el rescate de la niña,
todo se desarrolla a través del diálogo, generando en la mente del espectador
las ganas enormes de ver en imágenes lo que está sucediendo. Y es que el audio
de las conversaciones telefónicas (hecho real del cual se valió la cineasta)
que la pequeña Hind Rajab mantuvo con los voluntarios de la Media Luna Roja
Palestina poco antes de su asesinato en Gaza a manos del ejército israelí, son
las protagonistas en lo cinematográficamente hablando.
Pero también podríamos cuestionarlo todo mediante otros
asuntos como la puesta en escena a través solo del diálogo y algo con validez
narrativa: el montaje. Desde el plano inicial todo queda claro: “La voz de
Hind” “habla” sobre los diálogos; sobre la soledad, angustia y culpa; sobre la
forma en que nuestros ojos no pueden compendiar la descripción de la realidad o
de una parte de la identidad.
Un par de reflexiones generales que nos deja esta cinta. En
el plano imaginario, “La voz de Hind” funciona como un gesto perfecto. Por un
lado, crea tirantez y, por otro, encrespada turbación. Aunque es una frase muy
trillada, la realidad siempre supera a la ficción, pero la ficción que
reproduce a la realidad enseña a veces lo inconsútil que puede ser.