Basada en hechos reales sobre el conflicto árabe-israelí, la
película de la tunecina Kaouther ben Hania sacudió al pasado festival de cine
de Venecia con los audios originales de las llamadas de socorro entre la
pequeña, atrapada en un carro acribillado en el norte de Gaza, y sus posibles
rescatadores. Visto sí el asunto, la película, no obstante, rodada con cámara
en mano, se desarrolla toda del lado de los voluntarios de la Media Luna Roja
Palestina, y a través de brutales elipsis.
Pero la película combina, a través de los diálogos, una
dramatización de lo sucedido en las oficinas de la Media Luna Roja Palestina
(todos desesperados hablan con la niña por teléfono —recurriendo el filme a la
“información” en los parlamentos y el melodrama en las interpretaciones—),
mientras otras series de llamadas telefónicas nos permiten entender otra serie
de asuntos de una burocracia que “paraliza” con sus requerimientos y protocolos
el que se pudiera evitar lo previsible de todos modos. Al combinar estos dos
puntos de vista como estrategias narrativas habitualmente usadas por el cine
para generar suspense, el asunto funciona.
La película, al plantear entre lo documental y la recreación
ficticia que la distancia territorial y operativa impide el rescate de la niña,
todo se desarrolla a través del diálogo, generando en la mente del espectador
las ganas enormes de ver en imágenes lo que está sucediendo. Y es que el audio
de las conversaciones telefónicas (hecho real del cual se valió la cineasta)
que la pequeña Hind Rajab mantuvo con los voluntarios de la Media Luna Roja
Palestina poco antes de su asesinato en Gaza a manos del ejército israelí, son
las protagonistas en lo cinematográficamente hablando.
Pero también podríamos cuestionarlo todo mediante otros
asuntos como la puesta en escena a través solo del diálogo y algo con validez
narrativa: el montaje. Desde el plano inicial todo queda claro: “La voz de
Hind” “habla” sobre los diálogos; sobre la soledad, angustia y culpa; sobre la
forma en que nuestros ojos no pueden compendiar la descripción de la realidad o
de una parte de la identidad.
Un par de reflexiones generales que nos deja esta cinta. En
el plano imaginario, “La voz de Hind” funciona como un gesto perfecto. Por un
lado, crea tirantez y, por otro, encrespada turbación. Aunque es una frase muy
trillada, la realidad siempre supera a la ficción, pero la ficción que
reproduce a la realidad enseña a veces lo inconsútil que puede ser.





