martes, 18 de junio de 2024

Sisi y yo

 



“Sisi y yo” de la directora Frauke Finsterwalder está contada absolutamente desde el punto de vista de su dama de honor llamada Irma, una solterona húngara que escolta a Sisi durante los últimos cuatro años de su vida, y se muestra como una figura entretenida, desvaída y agobiada hasta cierto punto, y dispuesta a deslices e injusticias.

Así que la condesa Irma Gräfin Sztáray de Sztára et Nagymihály, teje una fábula que nos brinda una mirada (hasta irreverente) a la extravagancia de los poderosos, y a las limitaciones que supone una vida así, ante la mirada del espectador.

De metraje excesivo a mi parecer, la cinta “Sisi & I” muestra a la Emperatriz sintiéndose supremamente atrapada por la obcecación y los recelos que infunde en los demás. Por otro lado, la sumisión casi sensiblera de Irma, se vuelve tan asfixiante para ella como las pretensiones cada vez más posesivas de su hasta separado marido (el cineasta Markus Schleinzer).

Estamos pues ante un filme eminentemente para las salas de cine europeas, aunque las referencias visuales abundan en gran medida a la trilogía firmada por Ernst Marischka –Sissi (1955), Sissi emperatriz (Sissi, die junge Kaiserin, 1956) y El destino de Sissi (Sissi - Schicksalsjahre einer Kaiserin, 1957) —.

Se puede concluir y a modo de reiteración que en esta (y básicamente) buena película, que “Sisi & I”, rasga la abstracción desde una narrativa básica, ya que la representación de dicha narrativa aportada por la dama de compañía de la emperatriz, la condesa Irma Sztáray (encarnada por una magnífica Sandra Hüller).

Ya en las primeras secuencias, con la exposición y pautas por parte de la madre de la insigne y joven protagonista, se instituyen las bases del filme: un punto de vista satirizada, y por instantes ridícula, de la monarquía europea de finales del siglo XIX; la del Imperio Austro-Húngaro.


“Shoshana”

 

Siempre he sostenido que una de las primeras opciones a la hora de ver un film, es su director. Es el caso de “Shoshana” del cineasta Michael Winterbottom. Tras su documental “Eleven Days in May” (2022), sobre el bombardeo de Gaza, el director regresa con una película de época.  Un thriller político (ambientado en Tel Aviv en 1938).


Para aquellos que no tiene mucha noción con la historia de Palestina e Israel, la cinta brinda una copiosa información a través de noticiarios y resúmenes mediante la voz en off, y que pertenece a la periodista judía Shoshana Borochov (Irina Starshenbaum, en un roll hecho a su medida), hija de uno de los fundadores del sionismo, Dov Ber Borochov, y que sirve de trasfondo. En este sentido, Sin embargo, la película intenta ser un estudio de protagonistas más que una tragedia histórica. La interpretación de Starshenbaum contribuye a cierta prontitud de un personaje que una vez cumple su propósito narrativo, el asunto parece cambiar. Lo que sí queda claro, no obstante, es que la presencia de la actriz rusa consigue apresurar ciertas partes de las diégesis.

La película pues será de provecho para cualquiera que esté atraído por el trasfondo del clima político existente en Palestina. Ahora, pareciese que la cinta es una versión forzosa de la relación en la vida real entre Shoshana y un policía británico reconvertido en ciudadano de Tel Aviv, Thomas Wilkin, alrededor de la violencia, y la continua intrusión de los británicos. Si bien, el dispositivo romántico de la historia no siempre persuade del todo, se puede llegar a la conclusión de que el verdadero culpable de todo lo observado (políticamente) son las fuerzas despiadadas y absolutas del imperialismo británico.

Y al igual que acontece con los temas y clichés del thriller, el tono melodramático del filme, en ningún modo indaga en profundidad, debido a lo mejor, por buscar el director ser fiel a la historia del auténtico personaje femenino. Como instrumento histórico y película de época, “Shoshana” ajusta a la sutileza con su ritmo controlado y sus turbaciones tácitas.

 

 

lunes, 17 de junio de 2024

Al otro lado del río y entre los árboles

 


Este filme es una bella adaptación del texto de Hemingway, así mismo podemos plantear que la cinta luce atractiva, desolada y algo rebelde sobre una de las últimas novelas del escritor. “Al otro lado del río y entre los árboles” —rodada en 4:3 y blanco y negro—, sus diálogos dan la sensación de que venera la base literaria. Una adaptación pues contemporánea de la novela, publicada en 1950, y reitero: la penúltima en vida del autor y anterior a “El viejo y el mar”, en la que comparte argumentos.

Con una puesta en escena de un aura propia de esas historias crepusculares, observamos los últimos días de un militar —veterano de las dos guerras—, el coronel Richard Cantwell. La directora de la cinta Paula Ortiz (Lorca en “La novia”) compone un atrayente lienzo de un hombre, de su parquedad en su propia autodestrucción, en una Venecia solitaria, apesadumbrada y final.

Y es que por la ciudad de los canales, vaga el general fatigoso, enfermo y autodestructivo, del que hace una correcta composición el actor Liev Schreiber. No obstante, es un film con muchos, diálogos (y martinis) entre el fatigado héroe y la tentadora condesa Renata Contarini (Matilda De Angelis).

Pero, por el lado iluminado, por el estético, esa mirada en blanco y negro de la trama, la complacencia en la armonía visual de la cineasta española Paula Ortiz y la exactitud de texturas y disposición de ánimo y denuedo en la iluminación de Javier Aguirresarobe, logran para esta película un encaje visual óptimo.

De manera que Paula Ortiz venerando los argumentos de Hemingway como el envejecimiento, el ocaso físico del antiguo hombre de acción, pero donde la caza es un distintivo de esa pretérita nobleza y esa forma de asirse a la existencia, en el filme es otra cosa. “Al otro lado del río y entre los árboles” resalta muchísimo las disquisiciones del general, si bien, sus intercambios con Renata se siguen considerando como una especie de diálogo en el que ella interroga y escucha.


domingo, 16 de junio de 2024

Mothers' Instinct

 



‘Vidas perfectas’, es el debut en la realización del director de fotografía francés Benoît Delhomme, donde Celine gozan de sus placenteras vidas junto a sus respectivos hijos y hasta exitosos esposos. Ellas son las mejores amigas —y vecinas—. Pero la perfecta amistad de sus vidas se destroza bruscamente después de un infausto suceso. Así se resume ( sin spoilers) esta cinta que está caracterizada por Jessica Chastain, Anne Hathaway.



La película pretende ser una indagación de dos mujeres manipulándose hasta la esquizofrenia, pero, en algún instante se acerca tanto a la repetición que puede destrozar el clímax dramático. No obstante, desde el punto de vista de la consternada vida de estas dos jóvenes amas de casa, y respectivas ansiedades puede recordar a otras mujeres en este tipo de cintas del cine universal (“La mano que mece la cuna”, entre otras tantas).

Esta cinta es un remake de la cinta belga “Duelles” de Olivier Masset-Depasse, y si algo tiene en común ambas cintas es que abarcan cuestiones como la nobleza, los recelos, y en especial, el roll de las mujeres en el orden de una sociedad cargada de todo tipo de códigos. Estamos pues ante un melodrama con todas sus normas, pero en sus imágenes también se desliza cierto tipo de confabulación que poco a poco va tomando protagonismo.

“Vidas perfectas” es asimismo, una historia que desarrolla unos ejes temporales que acceden de alguna manera a jugar con la puesta en escena, y trasladarnos a los años 60, esgrimiendo los códigos del thriller psicológico al igual que a Hitchcock. En el tercio final de la cinta, las escenas entre las dos mujeres, a grandes rasgos, y aparte de los distintivos de los dos interlocutores femeninos protagónicos, todo se revela como la más terrible ambición de dejar fuera del alcance a quienes impiden mis secretos más inseparables, aunque no sea la forma más correcta.



sábado, 15 de junio de 2024

“Basma”

 


“Basma” es una cinta melancólica y cargada de ternura que acontece entre el regocijo y el abrigar desabrido del paso del tiempo (siempre presente). Una película próxima, espiritual y piadosa que, asimismo, nos trae un segmento de la cultura de Arabia Saudí y sus sociedades, así como ciertos asuntos y modelos de cambio en el país saudí.


De manera que el filme obedece más a asuntos de familia y por consiguiente una relación de tono intimista entre padres e hijos.  Así que la película está focalizada casi por completo en Basma (Fatima AlBanawi), una joven y estudiante mujer que sin estar detenida en su propio tiempo, mantiene —quizá sea lo más fácil— una absoluta mirada de amor filial a su padre enfermo.

Una interlocutora que cargada de belleza, dinamismo, sin gesto esquivo pero maduro para el compromiso mismo del universo que cae sobre sus hombros, Basma va construyendo —escena tras escena— una representación de felicidad y desconectada, que juzga contenerlo todo: el amor.

Con otros códigos cinematográficos y sin dramatismo. Lo que queda es una serie de personajes en razón a la modernidad cinematográfica. Y así, como el posible cordón umbilical entre padre e hija, va avanzando la película sin asfixiarse sobre sí misma. Gana en los instantes de amabilidad cotidiana, las canciones, y la juventud que irradia Basma.

En “Basma”, pareciese sobre el tercio final, que se quiebra la idealización de esa relación padre e hija desde la misma raíz narrativa del encuentro, ya que la apariencia de la narración aporta que nada podría suceder. Por otro lado, ya en las dos primeras escenas, con la exposición de las directrices por parte de la madre de la joven Masma, no se establecen las bases del filme, sino la de un padre solitario y mayor.

La idea final es no llegar a la vejez solo, siempre la compañía de los seres queridos explosiona la composición del cambio ideológico-social y la vida misma. En este sentido la historia del cine siempre ha tenido retratos de familia. “Masma” es el fiel reflejo sobre la condición del ser humano en su amplio espectro.


The Last Rifleman

Bernard Jordan fue un experimentado de 92 años de edad de la Segunda Guerra Mundial, y que en el 2014 se escapó de una morada de ancianos en para poder asistir a las conmemoraciones del 70 aniversario del Día D en Normandía, Francia, convirtiéndose por ello, en un símbolo del valor y espíritu militar. Además se ganó el apodo de “Veterano Houdini”.

Una actitud del personaje Artie Crawford (en este filme) que creó interés y admiración en todo el mundo, subrayando el valor de honrar no solo a sus amigos, sino a todos los veteranos de guerra. Hoy día, esta historia sigue aprisionando a nivel mundial a todo aquel que conoce al personaje y su actitud. De ahí que otras versiones del tema en cintas como “La Gran Escapada” o “El Último Soldado” ambicionen conservar viva su historia y su memoria.

“El Último Soldado” (caracterizado por Pierce Brossnan) pues intenta rendir un homenaje “a este viaje” de un anciano, inspirándose en la historia real de Bernard Jordan. Así que su director Terry Loane relata la historia de Artie Crawford (Brossnan), un veterano de la Segunda Guerra Mundial que tras perder a su esposa, resuelve embarcarse en una “fuga” de su residencia de ancianos en Irlanda del Norte, con la meta de llegar hasta Francia para asistir al 75 aniversario del desembarco del Día D.

A la postre un viaje que se convierte en una ocasión para conocerse a sí mismo respecto a algunos sentimientos y afrontando a los fantasmas de su pasado (todos a través del flash back).

No hay mucho más que decir en esta película cargada de amor y sencillez, donde todo lo que vemos y sentimos es precisamente gracias a un personaje que se hace coger cariño bien pronto. Una historia pues que invita a ese último viaje de nuestra vida a esa otra vida, cargada a lo mejor de menos de menos prisa. 



 

Sleeping Dogs

 

Roy Freeman (Russell Crowe hace creíble su perosnaje) despierta un día más despierta en su pequeña morada que habita y cercado de notas que cuelgan de las paredes, la nevera, los anaqueles, cajones, etc., y que le indican que almacenan o para qué sirven —hasta las pizzas congeladas—. Este jubilado detective de homicidios sufre Alzheimer, y por el que está recibiendo un tratamiento experimental.



A partir de este momento, el personaje a través de una serie de flash back va reconstruyendo su pasado profesional, hasta toparse con un crimen. En realidad pienso que el guion (clave de todo thriller) debió ser reconsiderado, ya que por momentos se inclina un poco a la confusión, y es que todo parte de la memoria de Roy. Y es que hay que volver a opinar sobre Crowe, ya que él está continuamente preparado a darle su propio aire y firmeza a todo lo que le inviten, como en “El exorcista del papa” (Julius Avery, 2023).

Siendo sinceros, el arranque del filme es correcto, con unos cuantos primeros planos del histrión en interiores, acoplados con validez pragmática en un montaje en función de Crowe. Baste trazar un arranque idóneo para convencer al público, y de persuadirnos de que nos incumbe lo que pueda pasarle al protagonista y alistarnos como espectadores de este ejercicio y con los recursos del cine negro clásico.

Si toda la clave del filme está en la memoria perdida de Roy. El protagonista arma un puzle (los expedientes y las huellas que va apiñando del caso que investigó años atrás y cuyas notaciones están en su memoria perdida). Y toda su disposición en la búsqueda de…, parte después de ver en televisión una escena de acción del clásico del western “Duelo de titanes” (John Sturges, 1957) con Kirk Douglas y Burt Lancaster.

Lo que sí es cierto es que el carácter previsible de la trama, la lleva cada vez más a que resulte menos sorprendente. De todas formas, Adam Cooper compone un thriller aceptable con tintes de neo-noir y cierto aire espeso que no le cae nada mal al filme.