El editor de cine del Los Angeles Times, Joshua Rothkopf,
califica la película de "impresionante. Terrenal, fantasmal, profunda, con
toques de humor y grandeza a partes iguales. Es cine puro". Y, para
aquellos que se sientan en las butacas más baratas —como si las hubiera en las
salas IMAX—, añade que la película supone "un regreso a las películas de
acción, robustamente entretenidas, para las que se inventó el cine".
El crítico de cine de The Guardian , Peter Bradshaw,
escribe: "La Odisea de Christopher Nolan es una colosal historia de origen
y mito sobre la desilusión de la posguerra y la pérdida de la inocencia".
Anne Thompson, de Indiewire , evaluó las posibilidades de
la película en los premios, incluyendo el de Mejor Película: “Matt Damon podría
ganar el premio a Mejor Actor y un sinfín de actores de reparto y nominaciones
le seguirán. La película a batir”.El
editor de cine del Los Angeles Times, Joshua Rothkopf, califica la película de
"impresionante. Terrenal, fantasmal, profunda, con toques de humor y
grandeza a partes iguales. Es cine puro".
Norma Jeane Mortenson, más conocida por su nombre
artístico, Marilyn Monroe, cumpliría este lunes (01.06.2026) cien años. La
actriz, uno de los mayores símbolos sexuales del siglo XX, murió a los 36 años
el 4 de agosto de 1962 por una sobredosis de barbitúricos, dejando una
meteórica carrera cuya estela aún no se ha apagado en Hollywood.
El Museo de la Academia del cine estadounidense rinde
desde ayer homenaje a la artista con la exposición "Marilyn Monroe: un
ícono de Hollywood", que recorre su filmografía. En ella se exhiben, por
ejemplo, algunos de los vestidos más emblemáticos que lució la actriz, como el
de noche rosa con guantes largos que llevó en 'Los caballeros las prefieren
rubias' o la falda blanca con vuelo de tul que se le levantaba en 'La comezón
del séptimo año' (también traducida como 'La tentación vive arriba').
También un grupo de seguidores de la actriz depositará
hoy cien rosas frente al histórico Teatro Chino de Hollywood Boulevard, donde
las huellas de Marilyn Monroe están inmortalizadas sobre el cemento del Paseo
de la Fama, y le cantarán el 'Cumpleaños feliz', como hiciera ella ese mismo
año de 1962 durante el aniversario del entonces presidente, John F. Kennedy. El
jueves, la casa de subastas Julien's celebra también "100 años de
Marilyn" subastando casi doscientos objetos personales de la actriz, desde
guiones con anotaciones a mano hasta su lápiz de labios. Además, a lo largo de
todo este mes se llevarán a cabo proyecciones especiales de las películas más
aclamadas de Marilyn.
“Nouvelle
Vague” es, en sentido clásico y riguroso, el cine dentro del cine. Sugestiva esta
reciente películaRichard Linklater y, para empezar, cuando
escuchamos: “El arte no es un pasatiempo, es un sacerdocio”, concebimos un poco
más este movimiento de la “Nouvelle Vague” del cine francés y todos aquellos personajes
(que vemos en la pantalla) de la revista “Cahiers du Cinema” y que formaron
parte de una directriz.
Podríamos
mancomunar esta grandeza de los personajes a cuestiones narrativas: la idea de
la autonomía, la sucesión de la aventura, etc. Y si bien no es lo principal. Sí
un tema de hallar cualidades cinematográficas y expandirlas por la forma en que
están ante la cámara. “Pero” la historia de este filme se concentra —detrás de
la creación del movimiento cinematográfico francés— en la producción de la
innovadora película de Jean-Luc Godard “Al final de la escapada”, en 1959.
No
obstante, no es un “pero”, como tal. Es que cuando escuchamos: “No hay que burlarse
del cine o él se burlará de ti”, ese “pero” es para enaltecer la idea de Godard
en “Al final de la escapada”: la sensación de que se estaba escribiendo un
capítulo esencial en la historia del cine ("La realidad no tiene raccord”,
dice el personaje de Godard).
Lo
mejor de “Nouvelle Vague” es el carácter entretenido que Godard le concede al
rodaje de su película, una sensación que los personajes sienten mientras se planea
un emplazamiento de cámara o experimentan unas líneas de diálogo. Y es que todos
se sienten a gusto.Es la impresión que conseguimos de ver
este “making of” de los diecisiete días de rodaje de “Al final de la escapada”.
El
célebre debut en el largo de Godard.Su legado sigue hoy, pero
conviene acordarse en esos momentos donde la cultura de la imagen lo es todo y
donde la tecnología ha cambiado el pensamiento de lo que vemos y de lo que concebimos
dentro y fuera de la gran pantalla.
“El extranjero” (2025) de François Ozon (“En la casa”, “Cuando
cae el otoño”) se aproxima con precisión a una adaptación sublime y seductora y
creería que hasta fiel. Y aun así, muy particular de una novela de culto como “El
extranjero”, de Albert Camuspublicada en plena Segunda Guerra Mundial, en 1942,
cuando los gritos del Holocausto repicaban en toda Europa y hoy emblema del
existencialismo) y que Luchino Visconti ya había intentado, con resultados disímiles,
en 1967, según la crítica de entonces.
De todas formas, podríamos decir que en este nuevo filme
de Ozon esa narrativa en primera persona y la captura precisa de la atmósfera
de Argel en la década de 1930, confieren al personajeMeursault(Benjamin Voisin) —un joven de treinta y tantos años, se
entera de la muerte de su madre, acude a su funeral sin manifestar la más imperceptible
turbación y, al día siguiente, emprende una aventura con Marie (Rebecca Marder)— esa irreverencia consustancial que habita en él
y ese extremo de inexpresividad infalible y temible observándose a sí mismo, a ese
cosmos que lo rodea y alguna que otra “supuesta irracionalidad”. Dice Meursault:
“He perdido la costumbre de hacerme preguntas”.
Y es que el actor Benjamin Voisin —Ozon lo descubrió en
“Verano del 82”— sigue teniendo un aliento seductor e impregna su sensualidad sobre
todo cuando tenemos que concebirlo como amante y, tal vez (sí, así es), futuro
esposo.
“El extranjero”, edificada en dos partes y precedida por
un perspicaz introito con retratos de archivo de la Argel durante la época
colonial, se despliega en una atmósfera fascinante y muy sobria que gira
siempre en torno a Meursault. Una película pues que es una genuina joya en
todos los sentidos, desde la fotografía de Manu Dacosse (rodada en un enfático
blanco y negro) hasta la música de Fatima Al Qadiri.
Una película pues que invito a observar para que después
usted diga que leyó la novela. Y una lección que nos queda es que estamos observando
algún tipo de cine que responde a ciertas privaciones de su tiempo y que en la prórroga
de su ilusión, quema en una hoguera el formalismo que se reduce una serie de
gestos desatados de cualquier propósito.
La colombiana Natalia Reyes como Adelaida y
Edgar Ramírez protagonizan una historia tensa y aleccionadora sobre la
resistencia al colapso social, ambientada en el argumento de las asonadas de
Caracas de 2017, y señalando a su vez que es un filme de Mariana Rondón, Marité
Ugás basado en el libro “La hija de la española” de Karina Sainz Borgo.
Pero, en lo más recóndito de las tensas escenas
observadas y la trama por momentos trepidante, subyace un dolor más tenue y lastimosamente
contiguo: el de un país que se torna tan hostil con sus habitantes que fugarse
se tercia en la única iniciativa. En este sentido y los protagonistas, las
directoras resuelven poner en escena el mundo “real” en el que sucede la acción
de la cinta, sin que ello suponga insuflar las imágenes con un aliento humano
del que desea huir.
Esta buena película venezolana no es otra cosa
que una obra que refiere la realidad verdadera, si bien es el resultado de la
adaptación de una novela. A la larga, su propia existencia como aproximación de
conveniencias es su razón de ser; la materia prima que la componen son
arquetipos despojados, nada impasibles, siluetas cuyo inquebrantable movimiento
presume asimismo un invariable arrinconamiento de cualquier cuestión humana.
De pronto, sin esa cierta “radicalidad de la
propuesta” es incuestionable: poner en escena un acontecer político y personal
de algunos interlocutores. Y es en esa dimensión de la película, sin invariables
rupturas y cambios juiciosos (que pudieron haberse presentado) demuestran los
esfuerzos que las directoras llevan a cabo como instrumentos de escrutinio y
conocimiento solo de la realidad y de la vida. Una escritura fílmica sencilla;
es decir, una caligrafía transitoria, con un poco de ideas y emociones, sin más
intención que el de existir para que “el espacio que ocupa”, no invada ese mundo
al borde del colapso descrito en los primeros fotogramas de la película
Si bien en la escena inicial, el padre de Kafka-niño lo abandona
toda la noche fuera de casa por haber hecho ruido, las sombras de la calle y los
perfiles de los pocos transeúntes que deambulan por la calle se reconcilian a los
ojos del niño en monstruosidades tanto más espeluznantes cuanto más indeterminadas
y hasta punzantes.
Nuestro personaje creció en una familia judía alemana millonaria
en Praga. Tuvo una correspondencia vacilante con su papá, dictador e impetuoso.
Se llevó mejor con su mamá y sus hermanas. Trabajó en el departamento legal de
una compañía de seguros. Se comprometió, pero rasgó su compromiso y jamás se
casó. Contrajo tuberculosis y falleció a los 40 años.
Así que con una serie de personajes mirando a la cámara (a
nosotros) y dando sus opiniones sobre Kafka, este filme de Agnieszka Hollandestablece su biopic
alrededor de una violencia agonizante y taciturna con la que Kafka cohabitó y
de cuyo brío, la película promete una teoría casi simplista. Y es que “Franz” (creería)
es un ensayo de concebir la obra del escritor utilizando su propia vida como
material interpretativo.
Por otro lado, la cineasta Holland hace una lectura
psicológica de Kafka y toma como punto de partida que sus libros son inflexiones
de la misma enunciación de su estado de conciencia. Para logarlo, Holland
utiliza con acierto una lente gran angular —a lo Gregg Toland— que le tolera “comprimir”
los espacios interiores y hasta alterar los rostros de los personajes cuando
los filma en primer plano. Algo para nada novedoso y que en “Citizen Kane”, se
puede recapitular.
Y teniendo siempre presente la Praga de Kafka, Bien es veraz
que la parte fríamente histórica se sospecha apuradamente larga y rigorosamente
solemne. De hecho, no es tanto severidad como incomodidad. Es decir, la
directora, que no vacila en revelar su sorpresa ciega por el autor checo, e insiste
en contarlo todo.
Con base en las tramas de probidad, felonía y libertad, Rise Of The Conqueror (una película de Uzbekistan) refiere la
historia del guerrero y futuro padre Timur Barlas (Mortensen) y su pesquisa por
cumplir los deseos del Khan y servir como consejero de Ilyas (Joshua Jo). Toda
esta primera mitad del filme está rodado, sin quitar momento alguno, con un
tono más o menos sobrio, dejando espacio para que sus personajes desplieguen
con persuasión una trama dramática.
Pero lo que continúa es una asombrosa traición
que lo exige al destierro, lesionado y a merced de Banu (Arazou), un guerrero
que encabeza un grupo de combatientes migrantes en la “Ruta de la Seda”
(elemento clave en la historia), así como de la experiencia más ardua que Timur
haya encontrado hasta el momento.
De manera que el cineasta Jacob Schwarz crea una inspiradora
historia de acción y confabulación con un elenco seductor y una trama que se compendia
admirablemente al final. La cinta es un
espectáculo visual, una épica con mixtura de drama de acción y destreza bélica,
manifiesta por una peculiar pieza de un juego de mesa que se reconcilia en un emblema
repetido, concediendo significado al progreso de Timur a medida que progresa la
leyenda y su héroe afronta persistentes experiencias.
Parece toda una afirmación de designios que el
título del filme sea “Rise of the conqueror”, como si su director ambicionara
dejar despejado que su película es una obra muy personal (aunque el guion es escrito
por otros dos guionistas) y que llega garantizada casi que por un sello autoral
en el que da la impresión que las productoras le hubiesen concedido carta
blanca para que rodara lo que quisiera.
Si el cineasta se lleva el mito a su terreno, me
gustaría subrayar el extraordinario trabajo de Zhaidarbek Kunguzhinov en la
coordinación de los acontecimientos de acción y lucha, tan particular de las
producciones de Asia Central por su destreza para el diseño de acción a gran escala.