miércoles, 22 de abril de 2026

FICCI 65: El tren fluvial

 

El filme argentino tiene por personaje central a un niño, que busca hacer frente a su inapelable destino de zapateador de malambo. En este sentido, no es necesario añadir más, si entendemos el log line. Y en ese primer momento en Buenos aires, Milo puede presentarse a una audición para una obra de teatro que, radica en conseguir que en un tiempo récord una criatura deje de llorar, como a la vez también baila con una máscara de luchador mexicano y conoce a interlocutores extraños, algunos en la pensión en la que duerme la primera noche.

De manera que si bien en “El tren fluvial” esa relación, ese diálogo, es evidente frente a cortejar ese destino, lo cierto es que posee algunos rasgos propios. Y es que en este filme argentino existe esa mirada ingenua que nos puede llevar a otras referencias de los cineastas argentinos (“Crónica de un niño solo”, Leonardo Favio, 1965), pero a su vez, también encontramos una paleta de colores y cierta cualidad pictórica en el encuadre de sujetos y situaciones, algunas no tan extrañas.

Se ha dicho muchas veces que el cine, es una ramificación de la fotografía, y también aturde con lo expuesto en el tiempo. Y con su juego de elipsis y transiciones, trasladando personajes (sobre todo el del niño) de inmediato entre escenas o contextos, y por expresarlo más generosamente, con una soltura posible en la realidad. Los chicos cineastas son muy conscientes de estas reflexiones por lo demás obvias para cualquier iniciado en el séptimo arte, logrando así una película sencilla sin pretensiones de ninguna naturaleza.

Así que los cineastas Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale presentaron esta no tan frágil historia (por aquello de si los sueños se cumplen o no) en algunos festivales de cine latinos (Argentina, Uruguay, etc.)  con relativo éxito y aceptación por el público.

martes, 21 de abril de 2026

FICCI 65: Se eu fosse vivo… vivía

 

Entre el realismo y la ciencia ficción, suele haber propuestas estéticas, arduas de equilibrar en el cine. Varios son directores brasileños han intentado este cruce con resultados turbadores e incautos. El que se suma ahora a ese grupo es André Novais Oliveira, cineasta mineiro de excelentes películas. En Se eu fosse vivo… vivia, el cineasta fiel a ese minimalismo de pueblo chico que lo caracteriza al contar unos días en la vida de Gilberto y Jacira, una pareja de septuagenarios que llevan 50 años juntos.

La única peculiaridad distintiva de la pareja es la obcecación por los UFOs y extraterrestres de Gilberto, costumbre que su esposa no consigue concebir. A él, en cambio, le cuesta admitir que su esposa Jacira no quiera ir a ver a un médico cuando se siente mal —expresando todo el tiempo que no tiene nada—. Y nadie –ni la hija adulta de la pareja– cree ser idóneo de convencerla.

Una neurosis pues que el realizador trabaja en su película mediante visiones inquietas y desasosegantes secuencias, de pronto, alucinadas. Estas escenas suelen irradiar la paranoia aunque no los recelos de sus personajes. Así sucede en esta bella historia de amor. Y para Gilberto —extraordinariamente interpretado— comienza a sobrellevar sus sueños inquietantes.

El centelleo de este filme se transporta por las paredes de un pueblo como si un alma viviera sin minar los espacios que habitaron en vida esta bella pareja de enamorados. Mejor aún, como si no ambicionaran renunciar todavía el mundo que conocen y como si la muerte, en fin, nos perpetuara que asimismo es motivación de luminosidad.

En esta aceptable propuesta cinematográfica, el “más allá” entiende un signo del tiempo que se resiste a esfumarse, un espectro juguetón que tal vez quiere despedirse. ¿Será por esto que la película insiste en tomarse su tiempo? Todo acontece como el carruaje bello para delinear un camino que va de lo tangible a lo espiritual escudriñando una quebradiza medida más atenta a la sutileza que al énfasis narrativo.

FICCI 65: "Feito Pipa"

 

La película brasileña "Feito Pipa" comienza revelando al público la habitación de su protagonista Gugu, colmada de todo lo que le gusta. Y es que el director Allan Deberton logra caracterizar en esos primeros fotogramas, todo lo que este personaje es y puede llegar a ser. Este es un niño de 11 años que se revela de forma completa. Un personaje afectuoso del que enamorarse al instante.


"Feito Pipa" que ganó el premio del jurado para la sección Generación en la Berlinale este año, es una desprendida tesis de interlocutores de una preadolescencia queer. Gugu (Yuri Gomes) vive con su abuela Dilma (Teca Pereira), en una pequeña casa cerca del embalse de Araújo Lima. Su relación es dinámica, ya que perdió a su madre, la hija de Dilma, cuando era muy pequeño. Y todo para que ella lo acepte incondicional y todo el tiempo juntos está lleno de regocijo.

El guion de André Araújo consigue desarrollar todas estas interrelaciones con ternura y matices. Donde la película halla espacio para lograr contar la historia del lazo especial entre Gugu y Dilma en escenas cargadas de verosimilitud. Un instante notorio es su amor por "Time After Time" de Cyndi Lauper, una de las canciones favoritas de la madre de Gugu.

De manera pues que es este filme en este sentido, y por el género al que solicita la película, la elección de la perspectiva de los personajes entre sí resulta de vital importancia. No obstante, la cámara del cineasta “parece” que no toma un subjetivismo en el que se contagie de la seducción de la abuela y el niño por todo lo que les ocurre y todo aquello que acompaña de una u otra manera la experiencia personal, o una mirada desde fuera a lo que realmente son capaces de ser y que sienten.


lunes, 20 de abril de 2026

FICCI 65: Pon tu alma en la mano y anda

 

Siendo breve, el filme se construye en las videollamadas entre la directora de cine iraní exiliada en Francia Sepideh Farsi (“La sirena”) y la fotoperiodista palestina de 25 años Fatma Hassona Fatima Hassouna, ejecutada al día siguiente de que la cinta fuera seleccionada para Cannes. Cada llamada entre ellas se siente que podría ser la última, pero Hassona siempre surge, ajustándose el hiyab y resplandeciendo una enorme sonrisa. A pesar de todo lo que sucede, parece feliz de conversar con alguien del mundo exterior que la ve y se inquieta por lo que está aconteciendo.

A lo mejor aún más trágico, es el hecho de que la afectuosa y alborozada Hassona —a quien conocemos a través de meses de videollamadas creadas por farsi en una conversación de largo alcance—, viera manifiestamente su muerte como un accidente. En una de esos varios diálogos desprendidos por FaceTime, le expresa al director: "Aquí en Gaza tienes muchas opciones diferentes para morir", puntualizando los bombardeos, combates, padecimientos y hambre que han exterminado su población durante más de un año y medio. La película pues es una conmemoración a la resiliencia que se transfiguró en un conmovedor y último testimonio tras la muerte de la residente de Gaza Fatma Hassona en un ataque aéreo israelí el 16 de abril.

Entonces algunas ideas para concluir: las imágenes de sus llamadas, conexiones perdidas y encuentros en pantalla dividida proporcionan a la película un semblante algo monótono de una larga videollamada. El farsi varía el atractivo visual de la película por el automatismo ampliable de las fotografías de Hassona sobre la resiliencia, la resistencia y el precio humano del conflicto: un hombre está sentado en un sillón y con forma de estrado en medio de una escena de devastación imperiosa, una mano joven es todo lo que se ve de un cuerpo bajo los despojos de un edificio. Imágenes poderosas que proporcionan una evidencia de su habilidad como fotógrafa.

En este sentido, y por la naturaleza que reclama la película, la elección de la representación resulta de capital importancia. No obstante, la cámara toma una disposición clara sobre dónde se sitúa, plantearía un subjetivismo en el que no se contagie de los actores por el ritmo, la humanidad y todo aquello que la acompaña de una u otra manera.

domingo, 12 de abril de 2026

Angelina Jolie regresa con "Couture"

 

Tomando como punto de partida tres mujeres: Maxime (Angelina Jolie), una directora de cine estadounidense; Ada (Anyier Anei), una joven modelo de Sudán del Sur, y Angèle (Ella Rumpf), maquilladora francesa que trabaja entre bambalinas en los desfiles, la película ofrece una visión general de la industria. Pero desde tres puntos de vista (las tres mujeres), observamos esa relación del ser humano con la vida y su devenir, en zigzagueo entre la pasión y la verdad.


Respecto a Angeline Jolie (no ha tenido un papel destacado en Hollywood en años), la actriz ofrece su mejor papel en casi dos décadas y se ratifica como una intérprete sensitiva e inteligente. Y bajo la dirección de la francesa Alice Winocour narra las vidas entretejidas de tres mujeres que trabajan en el mundo de la alta costura parisina, en los días anteriores a un desfile. Igualmente Jolie indaga aspectos autobiográficos de su vida con una lasitud interesante (tanto en lo real como figurado).

Pero igualmente podemos plantear que “Couture” ofrece una mirada fascinante entre bastidores al competidor universo de la moda parisina y a las mujeres que lo hacen viable. El simple hecho de poder advertir lo que ocurre tras bambalinas probablemente fascinará el interés del público, al igual que el mejor trabajo de Jolie en años, en un rol a la altura de su influjo e idoneidad.

Sin ningún tipo de influjo de aquel “Pret-a-porter” (1994), de Robert Altman, la directora con luminosidad humanística (como un Antonio Gramsci entre muchos otros) nos devuelve la lucidez a los temas esenciales (la vida y la muerte, el amor y el duelo, la amistad y la perfidia, la pasión y la congoja, la indagación y el desengaño). Porque las imágenes del filme no son repercusiones del pasado, sino recuerdos del destino.

sábado, 4 de abril de 2026

Video Oficial del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias 2026 - FICCI 65

 



Durante los seis días de la edición 65 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (Ficci 65), la cinematografía y la industria audiovisual en general de Brasil, además de su música y gastronomía, serán protagonistas al ser el País Invitado de Honor de este año.

Del 14 al 19 de abril, Brasil tendrá una participación que se proyecta como una de las más amplias y representativas de los últimos años. Su presencia no solo destaca por la calidad de su cinematografía, sino por una propuesta integral que articula cultura, economía creativa y experiencias para el público en distintos escenarios del festival.


viernes, 3 de abril de 2026

Rental family

 

La película cuenta el episodio de un actor estadounidense en Japón. Nuestro héroe (Brendan Fraser) malviviendo entre anuncios, pruebas de casting fallidas y mucha utopía. Y así hasta un día da con una agencia dedicada a “simular la misma vida”. La empresa repleta de esos fatuos momentos (o los de verdad, vaya usted a saber) por aquello de los aspectos sociales. Todo se trata pues de transferir el límite de la máscara y reconciliar en simulación real lo que muchas veces no es más que un contexto ilusorio. La tonalidad da la clave al filme y, de paso, el brillo del planteamiento.

De todas formas, al salir de la sala de cine de cine, la pregunta por el sentido de la vida, es la clave. Dicha pregunta suele ser preciada como la más profunda de la filosofía, frívola o académica. Inclusive llegamos a definir al hombre como «el ser capaz de interrogar por el sentido del ser», de su existencia, de su vida. Entonces, «¿cuál es el sentido de la vida?» No faltan objeciones: religiosas, decentes, políticas: «la vida es la ejecución de una comedia, o de una tragedia, escrita por un idiota». Pero nunca faltan quienes no hallan agradables tales objeciones y llegan a titubear de la firmeza de las preguntas: «¿quizá tiene la vida sentido?» «¿no es la vida un sin sentido, incluso una equivocación, puesto que finaliza ineludiblemente con la muerte?»  

Existiríamos ante una estructura dialéctica, ya que partiendo de un nivel fenomenológico, todo podría debatirse y hasta solucionarse. Entonces a través de dos estratos (ser lo que no somos o viceversa) que se nos revelan en un vínculo sui generis, nos conduce a un tipo de unidad esencial que compromete la separación fenoménica, que, sin embargo, sigue siendo ineludible para que se mantenga esa «conexión de sentido».

De este modo, puede decirse que la idea de sentido, sin embargo, ha de terminar siendo rectificada en el plano esencial, pero de tal suerte que la enmienda, en la que predomina la idea, nos remita de nuevo a la distinción fenomenológica: no vale a la larga que llevemos rostros icásticas por la vida.