martes, 5 de febrero de 2019

Glass


M. Night Shyamalan es uno de mis favoritos cineastas hindúes desde que observé su primer filme en la pantalla. Respecto a “Glass”, cabe precisar que el cineasta tardó nueve años en materializar su visión sobre los superhéroes de cómic.

Desde El sexto sentido (1999), una de las películas de terror más aplaudidas de su filmografía, podemos señalar que es un cineasta dotado de una sensibilidad muy especial con unas señas de identidad bien marcadas y a veces no ha salido bien librado de la crítica.


A través de tres personajes, el guion de Shyamalan nos los muestra encerrados en un hospital psiquiátrico, en el que una doctora (una sublime Sarah Paulson) trata de persuadir de que esas facultades fenomenales que creen tener, son producto de la imaginación, ya que están afectados por una patología denominada “síndrome del superhéroe”.
Y esta es la lectura del filme. A través de héroes que nos vamos formando ante tanto semidiós observado y leído en nuestra vidas, resultamos siendo en mayor o menor grado, uno de ellos (en este sentido el cineasta transfiere la idea de servir el bien o el mal).
De manera pues que con un ritmo pausado, clímax extendido y narración en primera persona, el cineasta ofrece sin mucho aspaviento un buen filme donde da prelación a la psicología de sus personajes y los motivos que les llevan a proceder de la manera en que lo hacen.

Gonzalo Restrepo Sánchez
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The Favourite



Tras darse a conocer recientemente la lista de películas nominadas en las diferentes categorías para los premios de la Academia, en el apartado de mejor filme, “La favorita” es una de las fuertes candidatas. Una historia quizá de tres lecturas que intentaremos abordar.


Desde el punto de vista político, a comienzos del siglo XVIII, una mujer se hace con el control de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Ana de Estuardo, la primera de las reinas de Gran Bretaña, y que sus decisiones en lo político estuvieron al vaivén de medidas que dividieron a sus más cercanos colaboradores y especialmente con el asunto de Marlborough, según el filme.
El otro aspecto se relaciona con dos mujeres absorbentes y aspirantes a favoritas de Ana, a quienes amó y fueron sus asesoras y que, resulta ser una metáfora sobre lo políticamente correcto en épocas donde las estrategias tras conflictos legislativos resultaban o no. Algo favorable en la época fue la posibilidad de unir Inglaterra con Escocia.
Con base en lo anterior, la película plantea así mismo, una subversión (un viaje embriagador a la esencia y misterio de la atracción)  en el amor entre  amantes aristócratas, que con picardía y pasión burguesa, los protocolos quedan apeados. En este sentido, me quedo con una lectura más allá de lo simplemente observado: lujo, seducción, erotismo y venganzas están a la orden del día.
De todas formas, el filme y a lo largo de ocho capítulos en los que está divido el metraje, presenta un retrato feminista de una monarquía enferma como la reina Ana de Estuardo (donde la actriz Olivia Colman  brilla en su roll interpretativo). La tercera lectura, bien podrá significar un valor de la manipulación. En este sentido no hay que ir muy lejos y se puede observar en la cinta “Vice” también nominada este año para los “Oscars”.
En ambos filmes traídos a colación hoy, transmiten siempre una imagen sobre el hombre y sobre el mundo, donde la manipulación —en la película a través de  Lady Sarah (Rachel Weisz) y Abigail (Emma Stone) — busca ejercer un dominio sobre el otro y lo otro, para asignar algunas discreciones de acción (o de pensamiento), donde los argumentos persuaden sin convencer (vea el filme), para lograr propósitos particulares.
La característica dramaturgia del griego Lanthimos, el director de la cinta, es cierta teatralidad en la reflexión (un acierto de la cinta). Además, si el uso adecuado de la lente es una herramienta dramática muy importante a favor del cineasta, Lanthimos utiliza recursos visuales como el gran angular (y el ojo de pez). Los resultados son extraordinarios y en silencio. La música minimalista es otro soporte importante en su manera de querer contactar con el espectador.
Película británica pues interesante y que ampliamente recomendada, podría ser la ganadora en la noche los premios “Oscar” de la Academia de Hollywood.

Gonzalo Restrepo Sánchez
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sábado, 12 de enero de 2019

Mortal Engines


Ambientada en un universo distópico, el filme recrea una vez más todos los síntomas de un planeta destruido. Y es Londres como una ciudad depredadora, la encargada de llevarse todo lo que encuentre por delante, siendo manejada por los malos del paseo.


La película, basada en la primera entrega de la serie de cuatro novelas de Philip Reeve, no escatima imaginación para tener atento al espectador. En este sentido, la historia plantea desde el comienzo, cómo Hester (Hera Hilmar), la encubierta y desesperada chica  apuñala a un hombre sin aviso alguno casi tan pronto como nos tropezamos con ella y se convierte en el hilo conductor de una trama.

Hilo conductor porque es ella la que tiene “la llave” para solucionar todo a favor de los buenos, quienes pretenden subsistir fuera de las estructuras de la ciudad de Londres. En este sentido, hay una auténtica emoción de desesperación e incluso, una lucha por destruir la máquina de Londres.

Película (que con toda seguridad recuperará su inversión) entretenida que cumple simplemente los requisitos para pasar una buena tarde en una sala de cine y luego salir a tomar un helado.

Gonzalo Restrepo Sánchez

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BIRD BOX



Tomando como punto de partida universos distópicos —sociedades ficticias muy presentes en la literatura y el cine (catalogadas como ciencia-ficción), que muestran un futuro desalentador y apocalíptico—, el reciente filme de Bullock es un melodrama que cumple las expectativas de suspenso y que con una banda sonora ajustada al ritmo y tono, el espectador no sale defraudado, como muchas otras críticas lo formulan.


Basada en el libro bestseller de Josh Malerman, en esta oportunidad no vemos monstruos (aunque están ahí).  Esto no es bueno ni es malo, es aspecto de la trama, donde la directora Susanne Bier, a partir del guion de Eric Heisserer (“Arrival”) y recordada por  el Oscar en “In a Better World”, retrata el poder del caos y supervivencia con gran verosimilitud.

Evocando a cintas como a “Quiet Place” y con un equilibrio visual entre la trama y la pantalla, la película con una narración clásica del género (puesta en escena y sonido), mantiene el interés a lo largo de la proyección y Bullock saca adelante a su personaje por su empatía con él.

“Bird Box” esboza una condición según la cual, al menor interés por observar lo que acecha, podría resultar en una destrucción. Y mientras nos llena en un estado intacto de perplejidad sobre cómo y cuándo la mirada será rea de la muerte, los protagonistas se ajustan a reglas de supervivencia.

Gonzalo Restrepo Sánchez
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VICE



Con una clase magistral de interpretación de Christian Bale (en el papel de Dick Cheney) y digna de un Oscar por supuesto, la película si bien es biopic, nos lleva de la mano a entender los intríngulis de la política, el vicio del poder y una disección de la clase política (creo yo del planeta). Además, ese lado oscuro del corazón como lo es la hipocresía y los intereses creados.


“Vice” es a la larga una denuncia a la historia de la humanidad con personajes como Rumsfeld y el propio George W. Bush (Sam Rockwell), donde en voz en Off se plantean a mi juicio dos estructuras fílmicas (con técnicas del documental y tono), por un lado la vida de Cheney y por otro, los hilos del poder (las guerras y el poder económico).

Hay que recordar al amable lector que cintas como “El candidato” (Michael Ritchie, 1972) o “Todos los hombres del presidente”(Alan J. Pakula, 1976) ya tomaban este asunto de “los vicios del poder”. Película pues cargada de mucho diálogo y una frase que se lee en el filme y que sentencia lo que realmente estamos viendo: “Cuídense del hombre callado, porque mientras él observa y otros actúan, él planea. Y cuando ellos descansan, el ataca” (Anónimo).

Gonzalo Restrepo Sánchez
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martes, 8 de enero de 2019

El “Síndrome de hubris” en el cine y en la vida real

Fotogramas del filme "Ciudadano Kane"

Muy poco en realidad se ha comentado y escrito y sobre el “Síndrome de hubris” y hace referencia a inconvenientes físicos, maneras y conductas que se suelen identificar en individuos que tienen “altos cargos” de gobiernos, especialmente en muchos jefes de Estado y su abuso del poder.

Una buena definición del poder es la que ofrece la Enciclopedia editada por Diderot en 1765: “El consentimiento de los hombres reunidos en sociedad, es el fundamento del poder. Aquél que no se ha establecido más que por la fuerza, no puede subsistir sino por la fuerza; jamás ella le puede legitimar, y los pueblos conservan siempre el derecho de reclamar contra ella”.
Ejemplos sobre el abuso del poder (democrático) se halla en “Sacco y Vanzetti” (Montaldo, 1971). En “Ciudadano Kane” (1941), un señor que dominaba un imperio a través de posesión de medios de comunicación, fábricas y atacado por ser comunista (y también fascista), se definía así mismo como un “americano”, codiciando ser presidente de la nación.

Fotogramas del filme "Sed del mal"

En América Latina, por ejemplo, identificamos a personajes como Maduro, Lula da Silva, Santos u Ortega, que sufren de este síndrome de hubris político y que se creen capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes sucesos. Además, creen estar al corriente de todo (y en todos los escenarios) y mangonean más allá de los límites de una tradicional moral.

En el libro “El síndrome hubris: Bush, Blair y la intoxicación del poder”, publicado en 2011, se prevé el asunto. Su escritor David Owen construye los elementos psiquiátricos del síndrome hubris y son muy pocos los políticos que se escapan de ello. Sobre todo porque son capaces de dictar su propia Ley, si bien ambivalentes respecto a la amistad (el ejemplo lo encontramos en “Sed del mal” de Orson Welles).

En la mitología griega, la diosa Némesis (encargada de castigar a las personas que padecían hubris) hacía justicia ante los hechos realizados. Y es que si el hubris precede siempre a la sanción, la historia está destinada a repetirse (un Maduro como ejemplo una vez más). El concepto lo plantea el historiador inglés Ian Kershaw en sus dos volúmenes sobre la vida de Adolfo Hitler: “Hitler 1889-1936: Hubris” y “Hitler 1936-1945: Némesis”.

El cine lo ha mostrado siempre (aunque no parezca) en “Lula, el hijo de Brasil”, que cuenta los 35 primeros años de la vida del presidente y ex sindicalista, desde su nacimiento hasta el instante en que muere su madre y es recluido por los militares debido a sus actividades sindicales durante las huelgas de los metalúrgicos de São Paulo en 1980.

Son muchos los filmes a citar, pero de pronto “Macbeth” (1950), sería la quintaesencia sobre ese ejemplo de la ambición y desasosiego por apropiarse del poder. Que no se crean nuestros presidentes de América Latina (sean de derecha o izquierda) los fuera de serie y que en el contexto del cine, evocan a “Impulso criminal” (Richard Fleisher, 1959) donde dos personajes amorales creen haber realizado una contravención perfecta, aunque lo cierto es que han dejado pistas que los incriminan.

Gonzalo Restrepo Sánchez 
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sábado, 5 de enero de 2019

SHADOW



Este reciente filme de Yimou deja muchas lecciones para los profanos (y no tanto) en el cine. Su concepto de la fotografía, la obra maestra de la música minimalista de Lao Zai y la estructura de guion. En este último sentido, la historia nos relata la vida de personajes entre el yin y el yang, casi en una correlación a tres (un rey salvaje y peligroso,  el comandante militar de su ejército, Jing y el objeto del deseo: la hermana del rey).



Pero lo que vale la pena en esta oportunidad, en escribir sobre el género en cual se basa esta película y me refiero al Wuxia (exclusivamente asiático). Para definir bien el vocablo, se puede traducir cómo la unión de dos palabras: Wu que significa artes marciales, pelea, lucha y Xia que denota a un caballero, notoriedad, un código de honor, etc.

Así que al observar las películas wuxia (como la que hoy analizamos: “Shadow”), tienen innegables componentes de artes marciales y, asimismo cuentan con unos protagonistas bien distintos a un escueto personaje de artes marciales. Algunas características de este género son: las afines con la magia, poderes, eventos sobrenaturales, idealismo y venganza.

Contando casi siempre el mismo tipo de historias de héroes y usando siempre un alto componente de ficción. Un wuxia es la inconfundible historia que narra la vida de un héroe que ha sido abrumado o ha experimentado alguna desdicha (de tipo amoroso, familiar, humillación) y que este personaje se ve forzado a transitar un pasaje (metafórico) que le dará una gran experiencia (habitualmente en forma de artes marciales) y por parte de grandes maestros. Al final, la historia terminará demostrando y poniendo a cada quien en su lugar tras una trama de intrigas.

“Shadow” también es una historia de confabulaciones, ya que el rey ignorando los consejos del comandante Yu, prefiere demandar la paz con los invasores e incluso les ofrece a su hermana en matrimonio para sellar la alianza de los craven. No obstante, Yu introduce un duelo (uno a uno) con el legendario e imbatible lancero general Yang, en un lugar (donde suceden este tipo de historias) denominado en el género como: Jiangsu.

Gonzalo Restrepo Sánchez

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