miércoles, 12 de agosto de 2026

Young Washington

 

La nueva película sobre George Washington — estrenada el 250 aniversario de los Estados Unidos, retrata las aventuras militares del primer presidente norteamericano cuando apenas tenía poco más de 20 años durante la Guerra Franco-India. De manera que “Young Washington” ofrece un filme de origen histórica.

Tras una de las primeras escenas en la que vemos a George Washington, un niño de 12 años (Will Joseph), abandonado por la muerte de su padre y consolado por su madre decidida Mary (Mary-Louise Parker) y su medio hermano Lawrence (John Foss), el resto de la trama ocurre en 1855. A partir de esta fecha, la cinta nos muestra como inicia su carrera militar y como aprende sus lecciones y revela su destreza, aunque se topa con el modernismo de oficiales británicos de semblante fruncido, como el gobernador colonial Robert Dinwiddie, interpretado con un atisbo taimado y escrupuloso por Ben Kingsley.

Una primera conclusión es que el guion coescrito por Jon Erwin (House of David, American Underdog), Tom Provost y Diederik Hoogstraten presenta un tipo de coloquio pomposo que parece más adecuado para el teatro. Creería que muy poco llegamos a captar ciertamente los pensamientos de Washington (aunque el actor Franklyn-Miller, tampoco no ayuda para nada).

Sin embargo, el laborioso cuidado de la imagen es válido de rescatar. El director del filme apenas lo utiliza como un instrumento enfático, como un medio a través del que incrementar la tensión de la atmósfera de la cinta en sus momentos oportunos. Sin contrapuesta bifurcación narrativa, además de observar e indagar en un modo de trabajar, el director del filme quiere erigir la concreción de la cotidianidad del protagonista y los acontecimientos que la rodean.



El mago del Kremlin (cerca del poder)

 

Una obra imponente de Assayas (“Viaje a Sils María”)Viaje a Sils Maria Viaje a Sils MariaChambre 999Chambre 999Viaje a Sils Mariay Carrère (“En un muelle de Normandía”), donde el cineasta francés estudia los últimos 35 años en los altos círculos políticos y de poder económico en Rusia, donde gobierna Putin y el miedo, pero “habla” de geopolítica a partir de interlocutores reales y ficticios.

En ‘El mago del Kremlin’ Vladimir Putin (Jude Law) y Vadim Baranov son una completa invención. Y este último se le contempla como el nuevo monje maldito Rasputín, ya que es esencial para Putin, el nuevo “zar”. A Baranov (soberbio Paul Dano) se le delega (que no forzado) idear una nueva realidad y lo que traza es la supuesta democracia. Así que Dano es el pilar esencial de la película, si bien su figura resulta ser algo misterioso y poco simpático.

Dicho personaje entra en escena cuando un profesor estadounidense (Jeffrey Wright) es citado a su enorme mansión a las afueras de Moscú para dialogar sobre el asunto a convenir. En algunas frases amables que escuchamos, una sobre el prosista preferido de Baranov, Yevgeny Zamyatin, cuya novela distópica de 1921, “Nosotros”, inspiró la afamada novela “1984” de Orwell. Después, Vlad se se dispone a contar su historia, que se extiende durante las siguientes dos horas y media.

Visto así el asunto y en extensos flash back, el director emplea un estilo fluido y sencillo, saltando entre oficinas, hoteles, mansiones, bosques y calles de Moscú, Londres y otras capitales, repasando, además, la historia rusa de las últimas décadas (Chechenia, la tragedia del submarino Kursk, la guerra a los oligarcas, las Pussy Riot, Limonov, Crimea, la plaza de Maidán) para unas imágenes que marcan lo colectivo y lo íntimo como un documento pertinente y resplandeciente. Es pertinente decir que la película de Assayas avanza con rapidez (desde la caída de la URSS a finales de los años 80 hasta la invasión de Crimea en 2014). Una película buena si bien de excesivo metraje.

Aunque algo fría en su relato (creería que todo asunto de Moscú debería ser así), insisto, el verdadero protagonista es Rusia y su historia, desde los noventa hasta el inicio de la guerra con Ucrania.

Viaje a Sils Maria

miércoles, 5 de agosto de 2026

Spider-Man: Brand New Day

 

Han pasado cuatro años desde los sucesos de No Way Home, y Peter Parker ahora es un adulto que vive completamente solitario, ha desaparecido voluntariamente de las vidas y recuerdos de quienes ama. Y aunque así se determina el comienzo de esta nueva historia (entre otras cosas, este es la mejor versión de todos “hombre araña” que se han sido llevado al cine).

De manera que esta cuarta película sobre el personaje de marras, tiene 'otro' Tom Holland, un treintañero que recubra al superhéroe un carácter identificable, pero adulto con algo más de profundidad, como la soledad, el compromiso y las incertidumbres como persona y como 'cuidador' de un Nueva York que depende tanto de él. Asimismo, ha tenido que desistir de lo que más quería (a esa espectacular M. J. que personifica Zendaya, a su aliado y confidente Ned (Jacob Batalon), a su tía May (Marisa Tomei).

De todas formas, es un filme que a lo largo de su diégesis está cargado de acción trepidante (y debe ser). Aunque está claro que Parker no deja de lado su necesidad de recuperar a M.J. (acciones que tienen un encantador toque de las viejas historias de reconquista sentimental de la comedia americana, a través precisamente de los atractivos de Holland y Zendaya), y a su fiel Ned de redimir esa parte romántica de su mocedad sin abandonar su obligación y labores de ser el teléfono 112, disponible las 24 horas, de Nueva York.

La capacidad atrayente que ‘Brand New Day’ exhibe en esas (y otras) escenas, no se diluye, aun cuando la película ubica y pone en marcha su trama en marcha. Así que Parker debe afrontar tanto a nuevas manifestaciones de su mutación como a un contrario misterioso capaz de investir a otras personas e ir saltando de un cuerpo humano a otro. No obstante, todas los asuntos a los que se apelan en esta película (nada de spoilers) a través de la complejidad de recursos que despliega el cineasta, como la estética del dron, finalmente quedan trazadas de forma nada superficial y terminan por hallar un espacio para desenvolverse en paralelo al argumento del relato.


lunes, 27 de julio de 2026

Moana

No es tiempo de quejarse de los live-actions que alteraran las historias. Aquí tienes uno que es totalmente fiel a lo que fue en primer lugar. “Moana”, cuando fue estrenada en cines hace alrededor de diez años, como película animada, representó un avance agregado en la renovación de las princesas Disney. Y si esta joven de Polinesia se une a las heroínas de “La sirenita” y “Frozen”, en vez de prorrogar la llegada de un príncipe que la salve, elige trazar su propio futuro (un factor válido en el personaje).

Si esta nueva versión no se convierte en un live-actions sin corazón (verde), es gracias a Catherine Laga'aia. La actriz de 19 años es Vaiana, esto es, una chica fuerte, divertida, con miedos pero decidida, que no va a dejar que ningún semidiós ni ningún Dwayne Johnson la intimiden ni eclipsen. El dúo con su compañero musculoso funciona y ella es una de las mejores princesas Disney de acción real elegidas hasta la fecha, pues destila bondad y decisión, cualidades innatas de toda hija de un líder.

El guion no trata de buscar explicación alguna a esta capacidad, haciendo que, ligeramente, tanto el espectador como los personajes, acepten como algo normal contra lo que se puede luchar. La premisa es totalmente demoledora, ya que reconcilia a una joven princesa, que aún no necesita recurrir a sus progenitores para saber lo que está bien.

Catherine Laga'aia es responsable de que esta nueva entrega no se convierta en un live-action sin corazón. Vaiana es la actriz de 19 años; en otras palabras, es una mujer fuerte, querida, temerosa pero firme, que no consentirá que ningún semidiós o Dwayne Johnson la asuste u opaque. Ella es una de las mejores princesas de Disney en acción real hasta ahora, ya que desborda bondad y determinación, rasgos naturales de cualquier hija de un líder. El dúo con su compañero funciona.

sábado, 25 de julio de 2026

La muerte de Robin Hood

 

Robin Hood es uno de los mitos que cimentan nuestra imagen romántica del heroísmo, pero su leyenda es tan maleable que puede deformarse hasta volverse irreconocible o inclusive invertirse totalmente. Situada muy lejos de las representaciones románticas del personaje, lideradas en su momento por actores como Kevin Costner y Errol Flynn, la nueva película de Michael Sarnoski sostiene que esa persona era en verdad un maníaco asesino. La historia que observamos retrata de Robin Hood sus últimos momentos de vida mientras deambula por los páramos británicos del siglo XIII tratando de liberarse tanto de la falsedad que ha estado experimentando como del sinfín de enemigos deseosos de venganza que ha amontonado con el tiempo.

"La muerte de Robin Hood", desde su título, tiene un tono visiblemente sombrío que se vuelve cada vez más lóbrego. Sarnoski sumerge el primer acto de la historia en una grieta moral y una espiral de violencia tan profundas que parecen infranqueables para Robin o la película. La inteligencia y la rigurosidad de la propuesta fílmica son innegables, pero a veces la película parece estar por asfixiarse con su propia melancolía, el sufrimiento de su personaje principal y lo inevitable de su destino. ¡Ah! Felicitación a su director de fotografía.

Con una barba y cabello desgreñado, y en la piel de un tipo de protagonista que le ha valido celebraciones anteriormente —es necesario hacer comparaciones con el personaje de Lobezno al que interpretó en "Logan" (2017)—, Hugh Jackman nos mantiene distantes de un personaje rocoso, cuya naturaleza se basa mayormente en exaltaciones confusas y una propensión a la violencia poco reconocida o explorada.

Es posible que haya espectadores que se lleven las manos a la cabeza al escuchar varios pláticas existenciales y algo filosóficas, a pesar de que “las heridas” continúen brotando en la pantalla. Y el que se fascine al observar esta feroz deconstrucción del ídolo; lo cierto es que, volvemos a decirlo, ni en sus sueños más  profundos Flynn habría podido concebir algo así como lo que acabamos de observar en la pantalla.

domingo, 19 de julio de 2026

“La presencia del vacío”

 

Creería que el thriller psicológico “La presencia del vacío” ha aprobado esa siempre asignatura pendiente en el cine colombiano y con alta nota. El cineasta José Cortés es un autor que no esconde sus preferencias imaginativas, lo cual atenúa de alguna manera su, hasta cierto punto, claridad narrativa en este género cinematográfico. Las primeras manifestaciones del género de suspense se encuentran en obras como “Las mil y una noches”, una recopilación de cuentos populares del Medio Oriente que fueron recolectados durante la Edad de Oro del Islam y que muestran historias de homicidios misteriosos, dramas judiciales y casas embrujadas. “El Espía” (1821) de James Fenimore Cooper es una de las obras iniciales del thriller moderno. En ella, un agente estadounidense trabaja en territorio británico a lo largo de la Guerra de Independencia. El thriller psicológico, en contraste, es el producto de un giro histórico único hacia la introspección y los enigmas de la mente humana. Los intelectuales de la Ilustración, pertenecientes a los siglos XVII y XVIII, trabajaron para apartar a la sociedad de las supersticiones y orientarla hacia el conocimiento, la ciencia y la conducta humana (Dukes).

Regresando al filme colombiano, si bien a la actriz Viviana Santos (“Secretos”, 2013) le faltó un poquito más de fuerza a su caracterización (Angela). No desmerita la puesta en escena de las singularidades del yo del personaje. Es de agradecer que la película de Cortés, para nada naif, nos confirma que estamos ante un director que no se gasta millones de pesos “en decirnos” que su película merece ser defendida.

Que esta cinta no es el típico modelo de cine “indie”. Aquí no hay ninguna gran estrella del celuloide nacional que haya decidido rebajarse sus honorarios para conseguir un papel tridimensional que le pueda dar un premio, ni una historia que busque, a toda costa, buscar el aplauso fácil del espectador, a base de efectismos baratos.

“La presencia del vacío” me parece un filme de presupuesto y tamaño reducidos, pero con un fuerte impacto dramático y emocional, porque entra en la mente y el corazón del espectador y permanece allí incluso después de salir del cine. No es una experiencia sencilla, ni se fundamenta más en los silencios que en las palabras. En efecto, con el filtro de la mirada de la protagonista Ángela, un testigo envuelta en un círculo vicioso de desesperanza y casi desastre personal.

 

 

sábado, 18 de julio de 2026

“La Odisea”

 

Esta película resulta ser uno de los logros más impresionantes de la carrera de Nolan. Con un pie firmemente establecido en la realidad, se presenta una reinterpretación profundamente humana de la epopeya de Homero, inmersa en la experiencia visceral de Odiseo (Matt Damon) y su tripulación mientras luchan por comprender lo que implica ser el tipo de hombre cuyas hazañas se convierten en proezas.

El relato de “La Odisea” es fascinante, apasionante, en ocasiones aterrador y, justo cuando debe ser, profundamente emocionante. Es claramente una película de Christopher Nolan, lo que me hizo dar cuenta de que ha estado creando mitos que están conectados con la realidad durante mucho tiempo. Además, es un “caballo de Troya del cine”, con una película bélica, una lección histórica, una cinta de monstruos, un filme de terror corporal, un festival de seres mortíferos en un entorno oscuro, un espectáculo sobre desastres en el mar y una historia entre padre e hijo; todo ello mezclado en una epopeya.

En definitiva, para “La Odisea”, el control que tiene Nolan sobre los componentes de las películas de acción más destacadas se hace evidente, desde los momentos mitológicos más relevantes hasta la catastrófica destrucción de Troya. También, nos ofrece un clímax que es tan emocionante como el de cualquiera de sus películas de Batman. Nolan, además, no tiene miedo de probar estilos poco comunes en términos de la atmósfera y la estética de las escenas; también experimenta con su paleta visual habitual.

Es una adaptación tan refinada y económica de un volumen tan largo de la obra que no se requiere un título para comprenderla. Algunos puristas podrían molestarse por las libertades que se tomaron con el texto, como la omisión de lo transcendental (Odiseo abre una bolsa de viento al azar). El diálogo además pierde ineludiblemente parte de la poesía y el lirismo del texto original; aquí no hay hexámetro dactílico (el verso clásico más famoso de la Antigüedad). Pero lo que pierde en fidelidad, lo gana en poesía visual y estructural. Es una película hermosamente editada, el cineasta toma la ordenación de flashback de Homero y la desarrolla, contando una historia a través de narrativas enlazadas. A veces, solo puedes saber en qué punto del viaje te encuentras por las canas en la barba de Odiseo.