Este thriller dirigido por el cineasta español Imanol Uribe,
está basado en el libro homónimo escrito por Paloma Sánchez Garnica. Una adaptación
deficiente si comparamos ambos textos. Lo que creeríamos en primera instancia
es que el dispositivo argumental se enreda con un escenario y punto inverosímil:
dos hermanos gemelos, uno conectado con el régimen franquista y otro allí con enlaces
en el KGB, para desarrollar una idea de infiltración y espionaje.
Es fundamentalmente complejo el reto del actor español
Álex González por el hecho de interpretar dos personajes (quienes a veces, incluso,
interactúan de tú a tú), pero sobre todo por la categoría de hacer un trabajo
muy hábil en lo que se refiere a personalización y gestualidad. El recurso de incluir
dobles en el cine posee una larga tradición que procede de la literatura, más concretamente
de la noción de doble o doppelgänger nacida en la literatura alemana del
Romanticismo. El arte audiovisual accede que esta idea narrativa y conceptual
se desenvuelva manejando al mismo actor o actriz, como una manera más directa
y, a veces, alegórica de revelar dos caras de la misma moneda.
Por otro lado, el guion de Gemma Ventura resiente un
tanto las pesquisa e indagaciones, tornándola imprecisa a ratos e inclusive infranqueable
cuando la narración renuncia a lo tenue para sumergirse de pleno en asuntos del
género y nada impactante tramo final. Además es debatible el montaje, que, a
veces, pospone arbitrariamente de la relación espacial para desubicar a la
protagonista.
De todas formas el filme mantiene cierto interés y si a esto añadimos
que estamos en plena Guerra Fría (una parte de la acción transcurre en el
Berlín de la RDA, que el KGB y la Stasi juegan papeles esenciales), la imagen
tan alegórica como la del doble o el ladrón de una identidad ajena, se constituye
en el motor de cierta confabulación, estamos entonces ante ese denominado cine
de espías.
