Qué escribir del género de terror que no se
halla escrito ya. Pero además de conocer los clichés, en esta oportunidad, la
película de Nia Dacosta aporta al género y desde lo fenomenológico elementos
interesantes que también nos permite aproximarnos al thriller.
Pero primero alguna introducción previa:
“Exterminio: El templo de huesos”, sigue claramente
los sucesos de “Exterminio: La evolución”. Spike (Alfie Williams), el afectuoso
niño que llevaba buena parte del eje emocional del filme anterior, ha sido apresado
por una banda intransigente liderada por Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell),
cuyos seguidores —eso sí— dispersan violencia y caos a de organización. Y paralelamente,
el Dr. Ian Kelson (Ralph Fiennes), diligente en
estudiar a los infectados (un virus), explora todo lo que sucede.
Entonces, visto así el asunto de dos intereses
en la trama, nos permite respirar, tensionarnos aun desde esferas enfrentadas, edificando
una narrativa más fraccionada y hosca, conforme al mundo que plasma ante
nuestros ojos y ver cómo los protagonistas quedan atrapados dentro de lógicas
que ya no controlan. Por ejemplo, Fiennes
(recordado por su reciente “Cónclave”), erige a Kelson siendo el típico sabio
postapocalíptico. Él,
recuérdese, es el doctor encerrado en su personal laberinto, empeñado en pensar
qué nos ha pasado para terminar de tan iracunda manera, por culpa de un virus
sin control.
Así que la directora del filme Nia DaCosta se las arregla para elaborar un
filme que no tiene recelo a ser, en efecto, una cinta de miedo y aprensión. No
hay apologías ni silencios, ni elipsis ni soportes irritantes. Todo lo escatológico
queda a la vista con un estilo seguido aunque atrevidamente sucio. Y luego (lo
reitero) está Ralph Fiennes en una de esas manifestaciones que profesen apego y,
excavan en la certeza de que poquísimo son los actores han sido habilidosos de
lo que él logra en la pantalla para su gran público.
Con base en lo observado pues, podríamos seguir
hablando de este tema, pero independiente de la canción “The Number Of The
Beast”, de Iron Maiden, estamos frente a una cinta que brilla por su fotografía y su música, gracias a
la visión del director de fotografía Sean Bobbitt (“12 años de esclavitud”) y
de la compositora Hildur Guðnadóttir (“Joker”) ¡Para qué más!
