sábado, 4 de agosto de 2018

PÁJAROS DE VERANO



Sobre el tema de la bonanza marimbera en la literatura colombiana, se pudo verificar y leer en “La noche de las luciérnagas” del escritor José Cervantes Angulo, por allá en 1980. Y en el cine, sin lugar a dudas el reciente “Pájaros de verano” (Ciro Guerra, Cristina Gallego, 2018).


Con cinco capítulos de esta historia ambientada en la Guajira, nos recrea a través de una familia Wayúu, los pros y los contras de aquella bonanza y caída del  tráfico de la marihuana en los años setentas y ochentas, amén del enfrentamiento a muerte entre hermanos de la misma tribu guajira.

Con un toque a mi juicio a lo Tarantino, la pareja de Guerra y Gallego utiliza el personaje de Rafael (su esposa, hijos y paisanos) para optar por una narración poco pausada, sin excesivos planos fijos que recrean las miradas de sus personajes y aspectos sobrenaturales guajiros con muchos silencios que expresan más que todas las palabras del mundo y un interés por los detalles que hace que las amenazas y la violencia entre los interlocutores, siempre amenazan con salir a la luz en cualquier momento de cada capítulo de la historia en esa árida tierra.

Y es que las tensiones ancestrales derivadas de la cultura aborigen guajira y los conflictos internos, tienen ese carácter profético que se pueden palpar en cada fotograma, sin necesidad de recurrir a demasiados diálogos. Sin ser una obra sensacionalista —y polémica—, lo cierto es que sus directores han sabido combinar con tacto y sin extremo escrupuloso, la vida maldita de casi todos los personajes, dando lugar a una película verista y cargada de buenas intenciones que esquiva, dentro de lo posible, recrearse en los terrenos más espinosos y sangrientos (que los tiene) de una historia con escenas violentas y nada aleccionadores.

La cinta “Pájaros de verano” sin apenas transiciones en los saltos temporales, no titubea en mostrar la inestabilidad y las debilidades de unos personajes heridos e imperfectos —sin la disposición además para ganarse nuestra complicidad como espectadores—. Además, la relación  entre casi todos ellos sin luchar contra sus demonios internos —de un bando y otro— se construye a la larga sobre una punzante verdad: la venganza.

Filme pues que no dejo de recomendar y que lo atractivo de la película no anida tanto en la trama como tal, sino más bien en la excelente recreación, sensibilidad histórica y estilística de un país como el nuestro: un conflicto cultural que, además, borró a muchas familias guajiras por venganza. 

Gonzalo Restrepo Sánchez 
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sábado, 28 de julio de 2018

Mission: Impossible - Fallout



Ante esta sexta entrega de la saga observada en una de las salas comerciales de la ciudad, pues no cabe otra idea que estar atento de principio a fin a una acción trepidante de un señor como Ethan Hunt (Tom Cruise) teniéndonos acostumbrados a sus inverosímiles situaciones, que uno sabe no ya qué formular de tanta buena suerte en sus muchos tropiezos y situaciones.


Para empezar, cabe decir que todo es una lucha contra reloj en un guion que hay que reconocer es bueno, aunque se pasa de un  lugar a otro (París, Londres y Cachemira) con un atrevimiento en las transiciones, que de repente uno no se ubica, pero esto no es a la larga nada, para tanta acción descrita en la pantalla.

En todo caso, lo que diferencia esta nueva saga de “Misión imposible”: son las siete vidas (por decirlo de alguna forma) de Hunt incorporadas a la narrativa. Por lo demás, continúa el villano y que es alguien que hemos visto antes (Sean Harris en “Rogue Nation”). Además las máscaras, en apariencia una artimaña tonta, las motocicletas a alta velocidad y el esquivar helicópteros (aunque supongo que es para mostrar más el paisaje de las bellas locaciones del filme).

Respecto a la dirección de la cinta, el cineasta McQuarrie prefiere que la historia hable por sí sola, en lugar de imponer su estilo como otros cineastas (un John Woo por ejemplo). El director encuadra no solo la imagen, sin dejar nada por encima de los personajes, sino que a lo largo de  lúcidas acciones (de buenos y malos personajes), hay que sorprenderse y divertirse de las composiciones musicales, con fuerza para mantener la cabeza en alza, sin dejar escapar desilusiones o lamentos de impotencia y extenuación que no serán epitafio para Ethan Hunt aún.

Y es que, si bien tiene “Misión Imposible – Repercusión”, ingredientes un tanto discutidos (situaciones poco verosímiles), en otras manos podrían haber producido un trabajo efectista y polémico. Lo cierto es que su director ha sabido disponerlos con tacto y elegancia, dando lugar a una película agradable y saturada de buenos designios que soslaya (dentro de lo posible) divertir en los terrenos más altos del cine de acción.
Gonzalo Restrepo Sánchez
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lunes, 23 de julio de 2018

Skyscraper (Rascacielos: rescate en las alturas)


No es la primera vez que se dirige un filme sobre un rascacielos (“El coloso en llamas”, de John Guillermin e Irwin Allen, 1974 y “Jungla de Cristal” de John McTiernan, 1988). Pero creo que esta reciente película “Skyscraper” (con el actor Dwayne "The Rock" Johnson) cubre todas las expectativas de ese cine comercial y taquillero.

Con una acción trepidante de principio a fin, la película cumple en primera instancia la simpatía hacia “The Rock”. Si bien la historia en sí es sencilla, tiene todos los clichés de los tiempos fílmicos que vivimos de los blockbusters y, sin pretender reinventarlos. 
De todas formas, sí me parece que hay una evocación a los filmes antes aludidos sobre rascacielos. En el clásico con Bruce Lee, la famosa escena de la galería de espejos y por la ambientación oriental, y todas las habilidades marciales, amén del concepto de catástrofes a los años setentas que tanto me fascinaron.
The Rock (posiblemente al igual que Bruce Lee) vuelve a sus orígenes, con el ítem de peleas, retos malabaristas y diálogos a veces divertidos. Pero es que la película cargada de evocaciones, también nos permite recordar algo de “Towering Inferno”, de “Die Hard”, como parte de la cantidad de clichés de Hollywood que un espectador alfabetizado en estas lides puede comprender.
De todas formas, bien se puede y a modo de conclusión, señalar cómo ha sido la evolución del héroe en el cine de Hollywood. La construcción psicológica del héroe se ha ido renovando (al igual que algunos elementos del filme), dependiendo —claro está— del tiempo histórico en el que se desarrolla, e igual a una sociedad que ha ido evolucionando —en paralelo a los autores— que la imaginan y suponen.
La existencia de ese personaje, al que se designa héroe, posee dos de los elementos esenciales que hacen parte de este modelo actancial: “La película clásica de Hollywood presenta individuos psicológicamente definidos que luchan por resolver un problema claramente indicado o para conseguir sus objetivos específicos; y la historia que termina con una victoria decisiva o una derrota, la resolución de un problema o la consecución o no consecución clara de los objetivos. (Bordwell, 1987, p. 156).

Así que ver “El rascacielos” es verificar lo antes enunciado y sobre todo como “un hombre de acción. En el primer acto establece su objetivo, en el último lo alcanza. Todo lo que tiene lugar entre estos dos actos es una prueba de fuerza” (Bordwell, Staiger & Thompson, 1997, p. 17). Y es que el actor apodado “La Roca” lo consigue sin lugar a dudas.
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Gonzalo Restrepo Sánchez

sábado, 21 de julio de 2018

GLASS (CRISTAL)’: TRAILER DEL FILME M. NIGHT SHYAMALAN



‘El protegido’ (2000), M. Night Shyamalan narró la historia de un hombre tan obsesionado con encontrar a un héroe que se convirtió en un villano. En ‘Múltiple’ (2016), vimos cómo un hombre luchaba contra sí mismo para, finalmente, dejar libre a la bestia. Ahora, en ‘Glass (Cristal)’, el héroe, su némesis y la nueva amenaza, se verán las caras en una tercera entrega que, casi sin que nos demos cuenta, se ha convertido en uno de los títulos más esperados de la temporada.


Glass (Cristal)’, escrita y dirigida por M. Night Shyamalan, volverá a contar con la producción de Jason Blum para Universal y tendrá a como protagonistas a Bruce Willis, Samuel L. Jackson, James McAvoy, Anya Taylor-Joy y Sarah Paulson. Llegará a nuestras pantallas el 18 de enero de 2019.
http://www.fotogramas.es/

sábado, 23 de junio de 2018

Powidoki ( Andrzej Wajda rinde homenaje a su pintor favorito)



El público ha celebrado con una ovación en pie la aparición de Andrzej Wajda en el escenario del Festival de Gdynia, donde el realizador (que en 2016 ha cumplido 90 años) ha presentado el preestreno, fuera de competición y en una única sesión especial, de su 40ª película.

Retrato de uno de los artistas plásticos favoritos del cineasta, Afterimage gira en torno al personaje de Wladyslaw Strzeminski, una de las principales figuras de la pintura de vanguardia durante la primera mitad del siglo XX en Polonia, ayudante de Malevitch y autor de la teoría artística del unismo.

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martes, 12 de junio de 2018

Mr. Smith Goes to Washington



Hace muchos años (siendo adolescente) llegaba a la conclusión que no valía la pena pelear y llenarse de diatribas por asuntos políticos, porque entre otras cosas, nada de lo que superficialmente observa el ciudadano común y corriente es verdad. Todo es mito, y en este sentido, bien vale la pena releer lo que escribió el gran historiador francés Paul Veyne en su ensayo “¿Creían los griegos en sus mitos?” (Granica), cuando sentencia: “Los hombres no encuentran la verdad, la construyen, como construyen su historia”.

Recientemente leía del español Manuel Trenzado Romero, “El cine desde la perspectiva de la ciencia política” y sin lugar a dudas aparte de una afirmación, se puede ultimar (ahora que estamos en elecciones presidenciales en nuestro país) algo que señala y que tiene mucha verdad: “La función más importante de las campañas electorales y de la información política no es ofrecer las diferentes alternativas de los candidatos sino hacer presente la política a las masas según las lógicas del drama y del espectáculo”.

Más adelante y remitiéndose a Nimmo y Combs, Trenzado certifica que partiendo de la evidencia de que las imágenes mentales que la gente tiene de la política rara vez son producto de la experiencia directa sino de la mediación. La mayoría de las percepciones son filtradas y «fantaseadas» por una serie de mediadores tanto grupales y personales (movimientos políticos, religiosos, líderes de opinión, etc.) como mass-mediáticos (cine, radio, televisión, discos, revistas, posters, etc.).

Con base en lo anterior, vale la pena traer dos filmes a propósito del tema político. Por un lado, “Bob Roberts”. Si bien (y siguiendo la lectura de Trenzado) “la tendencia mainstream de la Comunicación Política —más allá de sus importantes diferencias internas— se caracteriza por estudiar los usos estratégicos de la comunicación para influir en el conocimiento público, las creencias y la acción en asuntos políticos, y por considerar la campaña política como el ejemplo paradigmático de este campo”, la película muestra a un cantante de música country que se presenta al senado de los Estados Unidos. La película es un buen ejemplo de cómo un discurso emotivo, embaucador y vacío, puede derrotar a otro más racional, pero cuyo candidato no tenga tan buena imagen.

Mi padre —quien hizo política— me decía que todo en estas lides políticas es el dinero. Y este concepto trae a colación uno de los filmes que tengo en mi colección particular: “Caballero sin espada” (“Mr. Smith goes to Washington”, 1939). Un gran ataque a los sumideros de la política. Cuando el dinero todo lo compra, desde una prensa corrupta —y dueña de la opinión pública— hasta los valores de los líderes políticos —que de verdaderos líderes no tiene nada—, la política se convierte en una carrera en pos del beneficio propio.

Y como bien señalaba un crítico: “Curiosa es la comparación que se hace del protagonista Jefferson Smith (James Stewart) como idealista y honrado, a un Don Quijote moderno, que embiste los molinos de quienes manipulan las instituciones hasta desvirtuar sus objetivos originales”. En definitiva un drama atemporal que permite ver la situación actual.

¡Qué nada! Para ver la realidad de los asuntos políticos, bien vale la pena asomarse al cine, y ser testigo emocionalmente, de lo que alguna vez sentenció nuestro presidente cartagenero Reyes: “Bendita seas o democracia, aunque con ella me castigues”.

Gonzalo Restrepo Sánchez
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martes, 5 de junio de 2018

La bête humaine (para volver a ver)



No deja de sorprender lo bestia que somos los humanos. Las noticias recientes de asesinatos a niñas tras ser violadas, crímenes pasionales ocupan casi a diario los medios informativos de un país que como Colombia, pudiese pensarse que no sale de la violencia en todas sus expresiones. Y no debe de sorprendernos, ya Fromm lo señalaba: “Nada de lo humano me es ajeno”. Y es que a la hora de mostrar al hombre esta condición de bestia en muchos aspectos de la vida, la literatura —y el cine sobre todo— siempre lo han mostrado tal y como es.


Pero hay un filme —y basado en una obra literaria— que puede llevarnos a la reflexión de hoy a través del cine precisamente. Es “La bestia humana” publicada en 1890 y es la decimoséptima novela divulgada por el escritor francés Emilio Zola, dentro de la serie de veinte novelas publicadas entre 1871 y 1893 bajo el título genérico de “Los Rougon-Macquart”.
Historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio. Una serie inspirada en “La Comedia Humana” de Honorato de Balzac y centrada en cinco generaciones de una familia francesa oriunda —del supuesto y aldeano pueblo— de Plassans. “La bestia humana” es la fábula de Jacques Lantier, un ingeniero de locomotoras antisocial —y misógino— que se enamora de una mujer casada.
Personaje zolesco, donde si bien Lantier goza de buena salud, no tanto en lo mental. Un tipo indómito a través de sus instintos primarios. Como indica Deleuze en su valiosa prólogo, en Zola hay “dos ciclos desiguales coexistentes interfiriéndose uno al otro: la pequeña y la gran herencia, una pequeña herencia histórica y una gran herencia épica, una herencia somática y una herencia germinal, una herencia de los instintos y una herencia de la fisura”.
La película en tono oscuro narra la historia de un hombre solitario (que no solo) por naturaleza, debido a su carácter agresivo producido por su locura. Además, un día se enamorará de la mujer del jefe de estación: una dama fatal e infiel hasta el tuétano. Y es que en la película, lo que en principio parece una evidencia de cine negro con todos sus cánones, se convierte en un auténtico drama, debido al punto de vista que Renoir (“La regla del juego”) le da a la leyenda.
Resulta casi imposible no asociarse en la historia ni en su atmósfera de “La bestia humana”, debido precisamente al tratamiento que el director le da a todos sus personajes en la que explora el lado más animal del ser humano: inmoralidad y aberración, instinto y pasión, demencia y locura. Un retrato genial de cineasta sobre el inconsciente, la pasión y los instintos, universos que consiguen rebosar la voluntad humana, como, en efecto se logra en la película (altamente recomendada).

Gonzalo Restrepo Sánchez
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