miércoles, 15 de enero de 2020

Bombshell



Con esto del acoso sexual por personajes de la iglesia católica, productores de Hollywood y de empresas de todo tipo, pues viene a la cartelera no solo este tema de palpitante actualidad, sino de la caída de los imperios mediáticos más poderosos y controvertidos de las últimas décadas, como lo fue Fox News.



La actriz Charlize Theron, Nicole Kidman y John Lithgow interpretan, respectivamente, a Megyn Kelly, Gretchen Carlson y Roger Ailes en la película de Jay Roach (“The Campaign”, “Trumbo”  y  “All the Way”). Un reparto excepcional para señalar sin preámbulos semblantes políticos, periodísticos y humanos de ese universo llamado mass media y sus amigos  y no tanto. Se debe aclarar en este contexto, que el filme, tampoco analiza con rigurosidad el periodismo. Al menos ese periodismo que muchos desean ejercer y observar.

Un excelente guion y una narrativa que cogidos de la mano para agitar acontecimientos y hechos reales (política, juegos de azar, influencia sexual, etc.) y usarlos para impulsar la narrativa hacia adelante, favorecen un filme que más allá del bien y del mal pone el dedo en la llaga en los problemas  de la televisión e imágenes corporativas que no son enteramente ciertas.

La sinceridad sobre el alto precio a pagar para estar en el confort de la fama y de los medios televisivos y de lo sucio en ello —Colombia no se escapa de ello—, lo encarna muy bien el actor John Lithgow: repugnante y devastador como muchos otros conocidos —por sus actos los conoceréis—, para formar parte de esos secretos no tan secretos.

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Gonzalo Restrepo Sánchez

Le Mans '66



A ritmo vertiginoso arranca este filme ubicando la historia desde 1959. A partir de ahí, un drama deportivo pero muy épico donde sus protagonistas tras el volante —Christian Bale y Matt Damon interpretan a las leyendas de las carreras de 1960, Ken Miles y Carroll Shelby— intentan ganar y elevar a noticia mundial lo que en ese tiempo era el mundo de las marcas de carros.


En esta propuesta con afanosas bases emocionantes e históricas, el cosmos de las carreras internacionales en la década de los sesenta, era casi que imposible tocar a Ferrari —fabricante de los automóviles más rápidos—. Hay que aclarar según lo observado que durante una recesión de la empresa de automóviles, Henry Ford II y Lee Iacocca, jugaron un roll significativo en la presentación del Mustang y Ford Pinto: autos de carreras que lograran desplazar a los italianos.

Así que en esta lucha se debate la ideología del filme. Un cineasta como Mangold que además se recrea en la ilustración corporativa de Ferrari y Ford, diligente a la disposición, el prestigio y la clase de su producto. Pero ante todo, ganar las 24 Horas de Le Mans.

De manera pues una historia sin sorpresas y con un montaje genial (para “Oscar”) que nos lleva a los esfuerzos del ser humano y un auto que corra mucho más allá de lo impensable, aunque no olvidemos que todo se podrá gracias a las manos del hombre. A modo de colofón podemos pensar que los desafíos entre el hombre, su fiereza e inteligencia son y serán la lucha nada apacible y cargada de lo orgulloso que es el ser humano: soñar para cambiar el mundo.

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Gonzalo Restrepo Sánchez

lunes, 13 de enero de 2020

1917


No se sorprenda si este filme gana —además de lo ya logrado— con el “Oscar” a mejor filme 2020. He considerado y no es sorpresa, que desde el punto de vista cinematográfico, su director Sam Mendes (“American Beauty”) ha sido más disruptivo que sus colegas con quienes compite a mejor filme por la Academia.


La toma con que se inicia el film: con una apacible calma y en un travelling out descubrimos al soldado Blake (Dean-Charles Chapman) y el compañero Schofield (George MacKay) durmiendo, son despertados y seguidos por la cámara, sin ser interrumpida la toma en un trazo perfecto hasta los momentos más apremiantes de la historia para llegar a la “tierra de nadie”. Sin evocación alguna a filme del género bélico parecido, esta historia de dos hermanos a la larga y una guerra jamás olvidada, es una obra maestra de un cineasta preocupado por una narrativa simple del plano secuencia y se luce con creces.

Dos hombres con disímiles motivos (Schofield, un tipo imperturbable y de pocas palabras y el soldado Blake, más frágil y sin experiencia) son los héroes a recorrer trincheras abandonadas, campos atestados de cadáveres y ciudades derruidas por los bombardeos. Todo para ser testigo y, podría ser otra lectura, cómo se van estrechando unos lazos de amistad que permiten que la implicación de Schofield en la causa, sea cada vez mayor.

Pero una idea dramática que afronta con validez el espectador es  el miedo y la incertidumbre sobre lo que les puede pasar. De manera que sobre los hombros de los dos soldados —y después sobre el soldado Schofield en la segunda mitad del filme— insiste el peso vibrante del entorno, advirtiendo el espectador que no existe y no vale la pena ostentación heroica alguna y además, de toda aprehensión y desconcierto a la vez, propios cuando uno se enfrenta a la muerte y en contextos límites.


La segunda parte es toda una constelación de dos aspectos muy importantes. Por un lado,  el buen uso de guion y las situaciones esperadas que llegan al pathos y valoran los esfuerzos del ser humano, en un buen quehacer cinematográfico. El segundo semblante, es cámara maestra de Roger Deakins —ya experimentada en algunos planos secuencia de algunos filmes del mexicano González Iñárritu—, que moldea en todo su magnificencia, esas escenas de contrariedad en los que se mueven los protagonistas, siguiéndoles sin sosiego y con alguna prórroga en travellings de perfecto encuadre, y en un pulcro emplazamiento y movimientos de cámara, que logran que una parte tan fundamental como el ritmo no decaiga en ningún segundo (claro que el montaje tiene mucho que ver en esto y ni hablar de la banda sonora de Thomas Newman).

Obra maestra pues este filme que estamos recomendando y que revela la madurez de un cineasta como Sam Mendes, quien con buen viento y buena mar, deja su firma en la constelación de grandes cineastas del planeta.

Gonzalo Restrepo Sánchez
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domingo, 12 de enero de 2020

Underwater



En lo personal, cuando decido ver un filme, en lo primero que me fijo es en el director. Luego en su reparto, si el cineasta no me llama la atención. En esta oportunidad, la actriz y actor Kristen Stewart y Vincent Cassel, cumplen todas mis expectativas, pues entre otras cosas, y empleando un término coloquial “mueven el torniquete”.


Mirando con detenimiento el filme, se puede observar que si bien nos deja la sensación de déjà  vu, pues evoca otros aliens, suspensos y vicisitudes de los personajes —una tripulación de seis integrantes queda atrapados en una instalación submarina—. Ahora los espacios claustrofóbicos, el sentido apocalíptico de este cosmos, amén de la música de Marco Beltrami (especialista para este género de cine de terror), es evidente que genera más de un susto en el espectador.

Película pues pasable y que bien valdría la pena sentarse a repensar este fórmula de los alienígenas en el cine, pues parece estar repitiendo los mismos criterios y efectos especiales. A propósito de efectos especiales, este es un filme que no se podría haber realizado unos pocos años atrás, pues sus efectos especiales (lo mejor de la cinta) hubieran impedido su realización.

A modo de conclusión, el guion de Brian Duffield y Adam Cozad se conecta de forma excesiva a los criterios e ideas originadas en “Alien” y nunca más lejos de nuestras pantallas, que por no decir cerca y casi una copia aunque debajo del agua.



Gonzalo Restrepo Sánchez

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Charlie's Angels (2019)



Un filme que cumple meramente su sentido de entretención y que si bien corresponde a un título que arrastra algún tipo de espectadores, el relevo a Drew Barrymore, Cameron Diaz y Lucy Li lo han tomado Kristen Stewart, Naomi Scott y Ella Balinska. De todas formas un trío que no llega a la fascinación de sus predecesoras.


El filme cargado de bonitas postales al rodar en algunas ciudades de Europa, pretende con algún diálogo directo un feminismo que resulta válido (como lo dice Sabina: “las mujeres pueden hacer cualquier cosa”). Y es que en este sentido se puede entender el filme —un ejemplo es una mujer turco-musulmana, Fatimah (Marie-Lou Sellem), a quien el filme confía de afirmarnos que conozcamos—, más allá de las tareas de la protagonistas, siempre difíciles de ejecutar.

Historia pues archisabida por el espectador cuya presencia en la sala es para verificar hasta qué punto estas tres mujeres siguen siendo unas fuera de serie. No es más ni es menos. Nada de belleza plástica y una expresividad que recuerdan algún filme el pasado. De todas formas siempre recordaré a los ángeles de la serie televisiva.

Gonzalo Restrepo Sánchez

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martes, 7 de enero de 2020

Richard Jewell


A sus noventa años y aunque usted no lo crea, Clint Eastwood sigue haciendo películas. En su reciente filme  “Richard Jewell”  —lleno de realidad y capacidad cinematográficas—, Jewell es un guardia de seguridad durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1966, que salvó muchas vidas, convirtiéndose así en héroe durante algunos minutos.

Más allá de las controversias, lo cierto es que este filme es una valiosa reflexión de la sociedad norteamericana sobre los asuntos de los mass media y la concepción del héroe (algo que Eastwood siempre ha sacado adelante pese a las adversidades). Con su mirada —la cámara—, cristalina, bondadosa, aunque algunas veces tolerante, el relato de este hecho real tiene la honradez de convencer.

La película que arranca sin mucha conexión, es una historia que conmueve más allá de toda ideología. Una película pues capaz de decir verdades —hasta dónde puede llegar ese periodismo feroz o el mismo ser humano, siempre vestido de otros disfraces— y de pronto, conmover al espectador a través de un personaje que desde el primer momento encaja como un modelo de ciudadano.

Y esto no es de ahora, ya en las últimas cinco películas del director, “American Sniper”, “Sally”, “The 15:17 to Paris”, “The Mule” se han centrado en seres humanos comunes y que hacen cosas extraordinarias. La clave de todo ha estado en excelentes guiones y sobre todo en los personajes que forman parte del eje central del asunto o la intriga.

A modo de conclusión y de pronto con otro tipo de lectura, una cosa piensa uno con su “camino” a seguir y otra lo que señala el destino. Sobre todo si se trata de personajes que siendo ejemplares en sus actividades diarias, de pronto se les cruza con una sociedad caníbal, que a lo mejor  y como una plaga de Egipto, intenta derribar hasta autoestimas de seres inocentes.

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Gonzalo Restrepo Sánchez



lunes, 6 de enero de 2020

Once upon a time in...Hollywood (Golden Globe 2020)



(Escrito el 20 de agosto del 2019 en este link)

Nos encontramos en los años sesentas —donde muchos crecieron viendo televisión, al igual, de pronto, que usted y yo— para esta película thriller, comedia negra y western a la orden de Tarantino que, cargada de tantos guiños cinéfilos —en la música, filmes, en personajes y situaciones—cualquier asistente culto cinematográficamente hablando, la va a disfrutar mucho más que cualquier espectador desprevenido.


Otro aspecto importante para la valoración del filme entre la estrella de un western televisivo, Rick Dalton (DiCaprio) y su stuntman (Brat Pitt), es el corte entre la película filmándose con ellos y la que muestra Tarantino. La cinta es una reflexión de un Hollywood Tarantiniano, donde el cineasta se arrebataba en abundancia con la sonoridad circundante de sus agudos diálogos e incluida la música, amén de los intereses fílmicos de los productores.

Algo más que un meticuloso ejercicio de estilo, Tarantino lo confía todo en la imagen —la de la televisión también— y de pronto como si todo fuera metonímico entre gestos, miradas y silencios, registra a casi todos los actores (y personajes) como Sharon Tate —cuando frente a una sala de cine, dice que quiere entrar porque ella trabaja en la cinta que está proyectándose— o Bruce Lee, purificando un sentido lúdico de la narración temporal y en otros momentos de “realismo ficticio”.

“Todo mundo necesita un doble” dice George (Bruce Dern) al doble de Rick. Claro que si —y en el cine más—, pero resulta que en la vida sucede igual, sobre todo cuando en un universo de oropel como el observado, todo es mentira —o verdad mentirosa— según el o los interlocutores. Vale la pena recordar la película “Smoke”: un estanquero, interpretado por Harvey Keitel refiere a un escritor (William Hurt) falto de ideas, un cuento navideño.

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Gonzalo Restrepo Sánchez