Esta
es una de esas películas de las cuales uno no sabe por dónde empezar, pero
intentando ordenas las ideas, señalar que “One Battle After Another”, escrita,
dirigida y co-iluminada por Paul Thomas Anderson (“El hilo invisible”), está
basada en la novela de Thomas Pynchon, quien y según expertos en el autor, es
un escritor inadaptable e inadaptado que pareciese solo le interesa
cinematográficamente hablando a Paul Thomas Anderson.
Con
una estructura narrativa excelente, este director puntualiza su particular
visión de la historia de los Estados Unidos en una épica aventura en un país en
beligerancia consigo mismo (los grupos terroristas de extrema izquierda y las
sociedades secretas fascistas), y que el cineasta con maestría a través del
montaje paralelo y las acciones sincrónicas queda la correlación afectiva entre
un padre y una hija como una viable cronotopía de reconciliación (no cometeré
spoiler alguno), arropada por una música (al mejor estilo de Satie)
Si
el primer tramo del filme es una clara manifestación de lo eficaz que resulta
ese tipo de planificación de la trama a la hora de forjar una cierta emoción de
estatus en los diferentes espacios (los inmigrantes latinos). En los dos
restantes tramos, y con referencias cinéfilas (“La batalla de Argel”), y en un
metraje del final como al mismo western; permitirá con el tiempo convertir este
filme de Paul Thomas Anderson en un clásico. Y todo esto quizá, entre otras
cosas, a unos actores de altísimo nivel: El "sensei" de Benicio del
Toro, el "deseo" de Chase Infinity o la "perfidia" de
Teyana Taylor, el Bob Ferguson de Leonardo Di Caprio y ni hablar del personaje
de Sean Penn que “la sacó del estadio” y creería que un “Oscar” asegurado.
Dos
cosas para terminar, si bien podría sacar un libro de esta cinta. Primero ese
“realismo mágico” que refleja el fascismo norteamericano. Y segundo, algo de
mixtura de drama social-thriller-comedia negra. Lo que el cineasta ofrece es la
perspectiva de un desclasado: el latino sometido a órdenes inexpresables en el
campo de batalla, y un país que tampoco lo reconocerá como uno más y lo
confinará a espacios marginales, a la delincuencia y a la corrupción.
