Para contar esta historia ubicada en el año de 1862, sobre la piloto
Amelia Wren (Felicity Jones) y el científico James Glaisher (Eddie Redmayne)
quienes se embarcan en un viaje para revelar los recónditos meandros del cielo,
los vemos volando en un globo aerostático más alto de lo que nadie lo había experimentado
antes.
Así que el relato entre el presente y el pasado de
estos dos personajes, el último tercio quizá nos muestra la osadía de estos
interlocutores para señalar que el mundo es de los audaces. Y en este sentido
no vale la pena pensar en nada más. Historia pues buena que cumple las expectativas
y que los personajes son muy próximos a los espectadores ávidos de que no les
pase nada.
El film ha tenido una desigual crítica, pero no cabe
duda que cumple todos los resortes del cine de aventuras, tan escaso en este
siglo XXI. La lección que queda es lo difícil de explicar al mundo cómo una osadía
conlleva al descubrimiento de muchas cosas, pero sobre todo de uno mismo y de
lo que es capaz de hacer cuando llegamos a situación extrema (por decirlo de
alguna forma). “No cambias el de mundo con solo mirarlo, lo cambias con la forma
que eliges vivir en él”, sentencia la piloto la piloto Amelia Wren.
Gonzalo Restrepo Sánchez
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