Dos asuntos de entrada en la evocación de este filme: primero
que respaldada
por las extraordinarias interpretaciones de Marilyn Monroe y Clark Gable,
(en las mejores de sus carreras), y la exacta fotografía de Russell Metty, es
un estilo cinematográfico eficaz y patética. Y es que evocando el final de la
cinta: mientras Monroe y Gable se alejan en su camioneta —ninguno de los dos
viviría lo suficiente para filmar otra película—, parecen dejar atrás ese cine
Hollywoodense —tal como lo conocemos.
Segundo, como es bien sabido, es la última aparición en
pantalla de las estrellas del cine Marilyn Monroe y Clark Gable; pero este cuento
chispeante tuvo muchos bemoles. El primero es que el director John Huston se
pasó la producción bebiendo y se quedaba dormido reiteradamente durante el
rodaje. Cuando su matrimonio con el guionista Arthur Miller se desmoronó, Marilyn
Monroe ingresó en rehabilitación: su recuperación fue tan compleja que todos
los primeros planos posteriores tuvieron que rodarse con desenfoque.
La trama va de una divorciada con mala suerte (Monroe)
que se apega a un vaquero de Nevada, veterano pero encantador (Gable) y su
amigo y jinete de rodeo (Clift). “Los inadaptados” (traducción file del título
del filme) es una obra indecisa pero rebelde. Los diálogos del guionista Miller
son por momentos teatrales. Mientras que su tratamiento general del personaje
de Monroe —tontamente desorientada, honesta pero tan perspicaz— resulta
condescendiente ante un público que atiborraba las salas de cine.
En el intento de despojar la banda sonora, una vez más
queda claro y consecuente en Alex North la gran potestad de sortilegio y
amplificador de emociones que es la música. La carga poética en el filme de John
Huston emana de la tensión entre la aspereza del dolor social y la exploración perseverante
de la beldad en los detalles del día a día de los personajes.
