viernes, 16 de octubre de 2026

En el corazón de la bestia

 

David Ayer elabora alrededor del actor Brad Pitt una cinta de aventuras, un perro y ese concepto de supervivencia tan íntimo como ligero. Sobre esta adorable sospecha, David Ayer, ex-soldado y director de cine nos deja un buen sabor sobre una idea central, aunque sin exageración alguna. El héroe de “En el corazón de la bestia” se halla en lo profundo de los bosques de Alaska.

Por un infarto inoportuno —mientras pilotaba su avioneta—, el oficial de las fuerzas especiales James Belmont se ve rodeado de osos, alces, lobos, salmones, caudalosos ríos y árboles. Eso sí, no está solo, su perro de combate Odín le acompaña. Las películas con perro incluido constituyen casi un género en sí mismas. Persistentemente tropiezan con un hueco en la taquilla, debido a la gran aceptación del público. Es pertinente aclarar que hay en esta aventura ecos del ecologismo asociado de “Las aventuras de Jeremiah Johnson” entre otros muchos filmes.

Además, no hace falta remontarse a Rin Tin Tin, la perra Lassie (que fue una serie de televisión muy exitosa) o Benji, de cuyos animales basta una mirada noble para desajustar al más impúdico de los espectadores. Odín en la ficción, le quita más de una secuencia al actor, en la que el público presente estará más pendiente del futuro del perro. Magnífico trabajo de adiestramiento y dirección para atraer miradas e instantes sorprendentes a lo largo de la película.

En este sentido la película descarga la relación tan de cariño, nobleza e inclusive identificación que se puede llegar a forjar entre una persona y su ferviente canino. Asimismo, es una película que aprovecha la idea de reivindicar el valor de los perros que ayudan a salvar vidas. Con pocos elementos narrativos y mucha imaginería autóctona, el cineasta construye sin parábolas esa “amistad” que observamos en la pantalla. Un sentimiento que se filtra a través de la lente de su cámara.