“Saint Omer”, es la ópera prima de Alice Diop.
Y
todo gira alrededor del personaje principal Laurence Coly. No obstante, y de
entrada observamos a una escritora llamada Rama dando una clase sobre Marguerite Duras, porque presumo que en “Saint
Omer” hay mucho de la escritora Duras en el sentido de la confidencia en la
palabra y desenterrar de lo brutal una poética, y en el carácter de visibilizar
sin timidez y sin clichés esa parte femenina sombría.
Y de eso va el filme, donde Coly en un juicio se
enfrenta a todos los entresijos de una vida cargada de culpas y no tanto. De
todas formas, a la cineasta Diop le interesa mucho más el juicio.
La
nigeriana Laurence Coly
sin lugar a dudas, es ese tipo de personaje singular, y que llega a Francia con
la esperanza de una vida mejor. Pero, pronto, sus circunstancias y su ambición
entran en arrebatos de la vida misma —como siempre—. Y es ahí cuando que
aparece la enajenación, la desesperanza y el desasosiego como testigos de un
drama inmenso.
Antes documentalista, la directora Diop acomoda pues
el drama sin dejarse persuadir ni enganchar por ninguna de sus aquiescencias
que tanto nos inquietan o nos entretienen. “Saint Omer” es escuetamente una reflexión
con sus mutismos, sus distancias y sus incertidumbres. “Saint Omer” es un cine implacable
hasta el agotamiento y el sufrimiento. Sin duda, un estreno brillante de la
cineasta, y a la postre, la insensatez que nos acude.
Sobre este tipo de cine sobre juicios,
creería que se encamina más a la
visión del sumario penal como resultado del delito, pero, asimismo, coexisten
numerosos paradigmas de cine judicial o pseudojudicial, aunque el proceso
judicial y el cine creería no son muy “amigos”, en el sentido de que si algo ha
pretendido casi siempre “el cine francés criminal” es sumergirse más allá de
los hechos precisos para dirimir (aunque no es el vocablo más exacto) el estado
de una colectividad o del poder. De todas formas, “Saint Omer” de Diop procura esgrimir
el proceso de una infanticida para debatir nuestra conciencia hacia la disconformidad
de géneros y de la emigración, No olvidemos filmes como “Anatomía de un
asesinato” de Triet, donde utiliza el proceso como pericia de la discusión conyugal
y, ahora, “El caso Goldman”.