Filme este dirigido por Brando, que habla de traiciones y desagravios aun entre
buenos amigos, y que resulta a pesar de su excesivo metraje, una crónica sobre
los tiempos para amar y morir en el intento de sobrevivir a los nefastos pasos
de la traición.
También
con alguna pincelada romántica, la historia dibuja claramente que los pasados a
veces pesan, sobre todo cuando se incurre en los mismos errores que conllevan a
la fastidiosa idea de estar siempre huyendo. Se me antoja un personaje (el de
Brando), demasiado expuesto a esta idea. Digo demasiado, pues su rostro (yo
diría que más penetrable que en otros de sus films), siempre deja la sensación
de ser un hombre poco rencoroso con su amigo y enamorado de Louisa.
Por
lo demás y los comentarios que ayudan al análisis, se pueden leer en todos los
textos sobre el film. Para mí, en lo personal, un Río con la mirada más diáfana
para descubrir siempre sus buenas (y malas) intenciones. Se me ocurre concluir
con una idea taoísta: “Un buen caminante no deja huellas”. Río siempre las
dejaba por donde fuera (algo que le ocurre a muchos mortales).
Gonzalo
Restrepo Sánchez
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