Este thriller policíaco tan espinoso como interesante posee
un excelente sentido del ritmo y una dosis de la información un tanto rara. Se
trata del nuevo filme de Daniel Sánchez Arévalo (“Rondallas”) en un cambio de exploración
valioso. En este experiencia, el director cuenta como coguionista junto a Ramón
Campos (“El crimen de Pazos”).
Como punto de origen y base, hay que rotular la
originalidad de la propuesta narrativa no solo por lo que cuenta sino por la manera
en la que se desenvuelve el cuento y va acrecentando nuevos giros a cuál más insospechado.
El guion es astuto y cuenta con una proposición bien perfeccionada en la que
todas los pedazos dramáticos finalizan articulándose.
Una
cinta que planteará un juego al público qué reside en imaginar disímiles
versiones de los hechos acorde a las desiguales derivaciones potenciales de un
robo a un banco. Lo que nos mantendrá en todo ello es el grupo de ladrones. La referencia
es que Carla (Laia Costa), Tomás (Tamar Novas), Raúl (Álvaro Cervantes) y Pedro
(Karra Elejalde) son o fueron —en el caso de este último— igualmente policías, lo
que el crimen los tropieza a ambos lados del asunto: tratando de cubrir u disimular
sus propias huellas. Este thriller
español, creativo, es pues un ejercicio narrativo. Lleno de giros, vueltas de
tuerca y geométricos caos, juzga montarse sobre varias ideas conectadas entre
sí. Un poco o algo de “Sliding Doors” (1998) que hechizará a los apasionados de
los géneros policiales, en los que uno nunca sabe (a ciencia cierta) donde está
parado.
