Un seductor Dustin Hoffman coprotagoniza este thriller simpático,
y sofisticado con una actuación de Leo Woodall (un afinador de pianos con
hiperacusia) más que aceptable. Por otra parte, el cineasta Daniel Roher,
director del documental ganador del Oscar 'Navalny' (2022), se estrena en la
ficción con esta película que se mueve por zonas genéricamente juiciosas y,
sobre todo, sonoros (poco usuales en el cine actual). Y son estas dos premisas,
en especial la acusmática, uno de sus principales atractivos. Con una narrativa
especialmente formal y alejada de clichés actuales, se traduce en una gramática
cinematográfica, que suma al esquema de la intriga. Una historia pues sobre
música, sobre músicos y sobre la jerarquía del sonido.
Daniel Roher imagina con perfección una dirección y
montaje (sinuoso y muy musical) pero, sobre todo, el diseño de sonido (a cargo
de Maximilian Behrens, colaborador habitual de Yorgos Lanthimos). Todo esto
señalado para reafirmar que el mayor hallazgo del cine hablado fue precisamente
el silencio y que ayuda a Roher a crear un relación directa entre lo que cuenta
y cómo lo cuenta a través de las escenas. Definitivo, los grandes adelantos expresivos en el cine de
los últimos años, tienen más que ver con la capacidad del sonido (elipsis
sonoras) para ampliar la imaginación y no solo la imagen al término mismo del
umbral de percepción.
Sobre esta base, la película indaga en algunos momentos
dramáticos las intenciones del afinador, sobre todo cuando necesita cierto
dinero. Esas escenas son de las más logradas (con piano o caja fuerte). En
otros momentos, sin embargo, la planificación breve de ciertas secuencias no
resulta tan efectiva, pero no importa, todo está servido para un magnífico
thriller.
