El
excepcional Ian McKellen a pesar de asomarse para el próximo año en una
superproducción estelar, cabe enfatizar, que en estos tiempos podrían ser cada
vez más exiguas para el actor de 86 años. Espléndidamente, McKellen ha recibido
un magnífico papel en la última etapa de su carrera con “The Christophers” de
Steven Soderbergh, un rol que le permite brindar una de sus excelentes
interpretaciones en años.
Si
bien la historia es sencilla: Lori Butler (Michaela Coel), una restauradora de
arte con dificultades es abordada por su antigua compañera de universidad,
Salli Sklar (Jessica Gunning), y su hermano de Salli, Barnaby (James Corden). Julian
Sklar (McKellen), el padre de los hermanos, a medida que se acerca su final, está
encaprichado en conseguir una serie de obras inacabadas que guarda en algún
lugar de su casa de Londres.
Y
es que parte de una serie de pinturas elogiadas y acreditadas como “The
Christophers”, Julian se ha negado a dejarlas ver, y mucho menos a pensar en su
venta, no obstante de las incontables consultas. Y es aquí de donde parte el
interés de una trama que es bien llevada en su puesta en escena, manteniendo un
interés en que va acabar todo este asunto de sus cuadros y aquellos que acechan
intereses por ella.
En
esencia, se trata de una obra calculada en dos interlocutores, ambos una mina
de oro para McKellen y la actriz Coel. En este sentido, Soderbergh, un director
que sabe trabajar con los actores, les da a McKellen y Coel una tregua muy precisa.
No
tiene que hacer un gran esfuerzo para acontecimientos, ni contratiempos, ni diligencias
extraordinarias, porque no coexisten: todo (y a través del diálogo) es la bitácora
de la vida de ambos personajes: las pinturas lo ocupan todo. Inclusive en los instantes
en los que sus rutinas se ven jactanciosas por un desvío emocional y el plano
que los muestra se realza a través de una mirada buscando el horizonte.
