El
director y pintor Julian Schnabel completa su propia adaptación del texto de
Nick Tosches a vueltas con el autor de la “Divina Comedia” en un excesivo y
fascinante ejercicio de autocomplacencia, aunque debo de confesar que al
comienzo no entendí nada. Yo me entiendo. Uno termina de ver
las dos horas y media largas de “In the Hand of Dante” (algo así como “De puño
y letra de Dante”).
Sin
embargo, sucede que el esforzado cuidado de la imagen y el relato del presente
es recíprocamente proporcional al del flash back: Julian Schnabel lo esgrime
como un instrumento enfático, como un medio a través del que acrecentar por la
vía de algunas escenas frías y “oníricas” de la “Divina Comedia (escenas a
color) sin acentuar cierta tirantez de la atmósfera de la cinta.
Ese
carácter rasgado de la película se hace manifiesto no solo en las marcadas disconformidades
que hay entre el trabajo visual (en blanco y negro) e (insisto) escasa sonoridad,
sino a la par en su atajo narrativo con el flash back. Asimismo de prestar
atención e indagar en un modo de trabajar y de vivir, el cineasta quiere erigir
a través del mafioso Nick (Gerard Butler) un thriller oscuro que se vaya
abstrayendo a medida que Nick vaya adentrándose en sus entresijos.
Se
diría que Julian Schnabel ensaya la adaptación de la novela de Nick Tosches que
desde 2011 lleva dando vueltas. La perseverancia de seguir la pista del sentido
insondable de la creación fuera del tiempo (como ya lo hiciera en “Van Gogh, a
las puertas de la eternidad”) mediante una intriga alrededor del poeta
florentino. Así de cruel.
