Siendo
breve, el filme se construye en las videollamadas entre la directora de cine
iraní exiliada en Francia Sepideh Farsi (“La sirena”) y la fotoperiodista
palestina de 25 años Fatma Hassona Fatima Hassouna, ejecutada al día siguiente
de que la cinta fuera seleccionada para Cannes. Cada llamada entre ellas se siente
que podría ser la última, pero Hassona siempre surge, ajustándose el hiyab y resplandeciendo
una enorme sonrisa. A pesar de todo lo que sucede, parece feliz de conversar
con alguien del mundo exterior que la ve y se inquieta por lo que está aconteciendo.
A
lo mejor aún más trágico, es el hecho de que la afectuosa y alborozada Hassona —a
quien conocemos a través de meses de videollamadas creadas por farsi en una
conversación de largo alcance—, viera manifiestamente su muerte como un accidente.
En una de esos varios diálogos desprendidos por FaceTime, le expresa al
director: "Aquí en Gaza tienes muchas opciones diferentes para
morir", puntualizando los bombardeos, combates, padecimientos y hambre que
han exterminado su población durante más de un año y medio. La película pues es
una conmemoración a la resiliencia que se transfiguró en un conmovedor y último
testimonio tras la muerte de la residente de Gaza Fatma Hassona en un ataque
aéreo israelí el 16 de abril.
Entonces
algunas ideas para concluir: las imágenes de sus llamadas, conexiones perdidas
y encuentros en pantalla dividida proporcionan a la película un semblante algo
monótono de una larga videollamada. El farsi varía el atractivo visual de la
película por el automatismo ampliable de las fotografías de Hassona sobre la
resiliencia, la resistencia y el precio humano del conflicto: un hombre está
sentado en un sillón y con forma de estrado en medio de una escena de
devastación imperiosa, una mano joven es todo lo que se ve de un cuerpo bajo
los despojos de un edificio. Imágenes poderosas que proporcionan una evidencia
de su habilidad como fotógrafa.
En
este sentido, y por la naturaleza que reclama la película, la elección de la representación
resulta de capital importancia. No obstante, la cámara toma una disposición
clara sobre dónde se sitúa, plantearía un subjetivismo en el que no se contagie
de los actores por el ritmo, la humanidad y todo aquello que la acompaña de una
u otra manera.
