sábado, 25 de abril de 2026

MIchael

 

Para los seguidores de Jackson, lo primero sería formular que el impacto de la imagen, en todo caso, se compensa con lo dibujado por los protagonistas (con un punto de vista nada subjetivo), algo que sería coherente con esa condición de seres humanos, y sin que haya “distancia” alguna con al espectador, y sin asideros narrativos en conexiones metafóricas, mentales o históricas.

Entonces, la cinta (dirigida por Antoine Fuqua) persigue una cronología del personaje Michael (caracterizado por Jaafar Jackson), y para impedir laberinto alguno de incidentes, ajusta en efecto la acción a un mismo escenario (en este caso los sets para las propuestas musicales), y trasladando por él a su (o sus) personajes sin que sean ajenos a una acción concreta. Es decir, observamos esbozos de las vidas de la familia Jackson (padre abusivo) y de Michael, sin que salgan nunca de esa rutina casi que inmutable, y sin “anclarse” ciertamente en algún lugar explícito. Esto lo logra Fuqua y en particular su director de fotografía Dion Beebe, atesorando la cámara con muchos emplazamientos de la cámara en la puesta en escena (un acierto del relato).

Sin el cambio de la anterior perspectiva, con todo, nada resulta intrascendente, pues en estos casos de películas autobiográficas —por decirlo de alguna manera—, restablece al espectador su visión habitual de sus referentes, sin que en su interioridad haya condicionado un sentido dramático.

Pues bien, en “Michael” tenemos una llamativa y lograda reflexión de lo anterior y desde el principio del metraje. Una premisa tan enorme que dota de ingredientes suficientes al conjunto del metraje, sin que este tenga siempre un conflicto profundo y una tensión latente, de tal manera que, escenas a priori cotidianas del niño y adolescente Michael Jackson nos cuentan también lo que ocurre el seno de una familia norteamericana y que podría acontecer en cualquier otra.