martes, 8 de enero de 2019

El “Síndrome de hubris” en el cine y en la vida real

Fotogramas del filme "Ciudadano Kane"

Muy poco en realidad se ha comentado y escrito y sobre el “Síndrome de hubris” y hace referencia a inconvenientes físicos, maneras y conductas que se suelen identificar en individuos que tienen “altos cargos” de gobiernos, especialmente en muchos jefes de Estado y su abuso del poder.

Una buena definición del poder es la que ofrece la Enciclopedia editada por Diderot en 1765: “El consentimiento de los hombres reunidos en sociedad, es el fundamento del poder. Aquél que no se ha establecido más que por la fuerza, no puede subsistir sino por la fuerza; jamás ella le puede legitimar, y los pueblos conservan siempre el derecho de reclamar contra ella”.
Ejemplos sobre el abuso del poder (democrático) se halla en “Sacco y Vanzetti” (Montaldo, 1971). En “Ciudadano Kane” (1941), un señor que dominaba un imperio a través de posesión de medios de comunicación, fábricas y atacado por ser comunista (y también fascista), se definía así mismo como un “americano”, codiciando ser presidente de la nación.

Fotogramas del filme "Sed del mal"

En América Latina, por ejemplo, identificamos a personajes como Maduro, Lula da Silva, Santos u Ortega, que sufren de este síndrome de hubris político y que se creen capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes sucesos. Además, creen estar al corriente de todo (y en todos los escenarios) y mangonean más allá de los límites de una tradicional moral.

En el libro “El síndrome hubris: Bush, Blair y la intoxicación del poder”, publicado en 2011, se prevé el asunto. Su escritor David Owen construye los elementos psiquiátricos del síndrome hubris y son muy pocos los políticos que se escapan de ello. Sobre todo porque son capaces de dictar su propia Ley, si bien ambivalentes respecto a la amistad (el ejemplo lo encontramos en “Sed del mal” de Orson Welles).

En la mitología griega, la diosa Némesis (encargada de castigar a las personas que padecían hubris) hacía justicia ante los hechos realizados. Y es que si el hubris precede siempre a la sanción, la historia está destinada a repetirse (un Maduro como ejemplo una vez más). El concepto lo plantea el historiador inglés Ian Kershaw en sus dos volúmenes sobre la vida de Adolfo Hitler: “Hitler 1889-1936: Hubris” y “Hitler 1936-1945: Némesis”.

El cine lo ha mostrado siempre (aunque no parezca) en “Lula, el hijo de Brasil”, que cuenta los 35 primeros años de la vida del presidente y ex sindicalista, desde su nacimiento hasta el instante en que muere su madre y es recluido por los militares debido a sus actividades sindicales durante las huelgas de los metalúrgicos de São Paulo en 1980.

Son muchos los filmes a citar, pero de pronto “Macbeth” (1950), sería la quintaesencia sobre ese ejemplo de la ambición y desasosiego por apropiarse del poder. Que no se crean nuestros presidentes de América Latina (sean de derecha o izquierda) los fuera de serie y que en el contexto del cine, evocan a “Impulso criminal” (Richard Fleisher, 1959) donde dos personajes amorales creen haber realizado una contravención perfecta, aunque lo cierto es que han dejado pistas que los incriminan.

Gonzalo Restrepo Sánchez 
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