jueves, 16 de marzo de 2017

LA MUJER DEL ANIMAL



"No hay animal que no tenga un reflejo de infinito; no hay pupila abyecta y vil que no toque   relámpago de lo alto, a veces tierno y a veces feroz. Victor Hugo, La leyenda de los siglos.

Más que hablar de este filme y su trama (deja exhausto hasta el menos desprevenido) por el contenido brutal y abyecto de la historia y sus personajes, remitiré al sentimiento que prioriza a lo largo de dos horas, no sin antes reconocer que es una obra, si no menor en la filmografía del autor, no culmina las ambiciones de las que le preceden y que lo hicieron famoso.


"La muerte vive una vida humana, dijo Hegel. Esto es cierto cuando no estamos enamorados o en análisis", dijo Julia Kristeva.  Es que para hablar de la abyección y el amor, la filósofa  sostiene que “una de las mayores infelicidades en la sociedad occidental -explica- es el individualismo, que nos hace negar el amor y la solidaridad. Nuestra sociedad carece, además, de código amoroso”.

Así que eso es esta aterradora historia. Una fábula sin códigos amorosos. Kristeva considera que “aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas. La complicidad, lo ambiguo, lo mixto. El traidor, el mentiroso, el criminal con la conciencia limpia, el violador desvergonzado, el asesino que pretende salvar ... Todo crimen, porque señala la fragilidad de la ley, es abyecto”, pero la transgresión planeada, la muerte socarrona, el desagravio hipócrita lo son aún más porque acrecientan esta “exhibición de la fragilidad legal”.

Gonzalo Restrepo Sánchez

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