martes, 31 de agosto de 2010

"La última estación"


Dos pilares sobre los que se sostiene como una excelente película “La última estación”, de Michael Hoffman: La actuación de los actores y el aliento tolstoiano.Respecto a lo primero, y puede resultar evidente, la más limpia y pura caracterización de un Christopher Plummer ya entrado en años, para darle la vejez a Tolstoy. En lo que compete e Helen Mirren, una mirada desnuda de su ser para amplificar los interrogantes de una mujer como Sofía, la esposa de un escritor.Y es que, al igual que observamos en “Anna Karerina”, los personajes del film son herederos de emociones universales: en el caso de Sofía, los celos y el amor, o como Vladimir Chertkov (discípulo de confianza de Tolstoy), amor y honestidad.

Acerca de a lo segundo, y tomando como referencia a Nietzsche, el problema del destino del querer. Y es que afirmando una confabulación cósmica: el hombre es el teatro. Desde este punto de vista, los diálogos entre Tolstoy y Sofía nos impregnan que la felicidad no es la realización de deseos entre ellos. Esto reafirma que los monólogos interiores, están llenos de dudas y huidizos. Y más aun en una vida en pareja ya adulta, donde prevalece el terco desvelo en una mujer que desconoce sin la elocuencia de los silencios, la línea desembarazada de no amar y ser amada, como la única realidad del mundo. Y es que como dije antes: El hombre es el teatro.

Gonzalo Restrepo Sánchez